Hay Calor a Beirut

Las temperaturas han estado suspensos arriba de treinta grados todo el verano a Beirut, y no se refresca mucho en las noches. Pero no son las temperaturas altas del termómetro que tienen preocupada a mí (y a todo el mundo), sino el calor que viene de Siria. Los libaneses han trabajado duro para mantener lejos a los fuegos sirianos, pero las temperaturas subieron esta semana con las muertes presuntas de cuatro rehenes en Siria.

Once hombres libaneses fueron secuestrados en Siria a los finales de mayo, musulmanes chiitas, raptados por el grupo rebelde Ejército Libre de Siria, el principal grupo armado de oposición en la guerra civil de Siria. Los secuestros ocurrieron pocos días después de mi llegada a Líbano, pero mi incipiente conocimiento de la política del Medio Oriente no era lo suficiente para clarificar los “por qués” y los “ahora qués.” La política es universalmente laberíntica, y a pesar de lo que he logrado leer sobre la política del Medio Oriente en los últimos tres meses, todavía estoy al comienzo del laberinto. Hasta los reportajes noticieras de esta semana han sido poco claros, con los del final de la semana indicando que los rehenes no se habían muertos después de todo.

Pero antes de que se pudiera confirmar o desmentir las muertes, demonstraciones y protestas ya habían estallado a Beirut. Luego un clan chiita en Líbano aseguraron de haber secuestrado unos veinte sirianos, en respuesta al secuestro de uno de ellos dentro Siria. El miércoles, Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, todos países ricos con élite que toma vacaciones veránales en el relativamente más fresco y definitivamente más liberal Líbano, instaron a su gente que regresaron a sus países. Lo que entiendo es que este clan chiita responsabiliza a Arabia Saudita, Qatar y Turquía por los secuestros de los miembros de su clan, debido al apoyo que esos países dan a los rebeldes.

Sería una subestimación decir que fue una semana difícil a Líbano.

Las recomendaciones de seguridad son quedar en casa. Tengo experiencia con eso. En Ecuador en 2005, cuando quitaron la presidencia de Lucío Gutiérrez después de una semana de demonstraciones publicas masivas, me quedé principalmente en mi barrio, aunque sí fui al centro comercial que quedaba a cinco minutos de mi casa a la orilla de la ciudad. En Honduras en 2009, cuando los militares sacaron Presidente Manuel Zelaya del poder y del país, se impuso un toque de queda a todo el país que a veces duraba todo el día. Logramos comer a veces con nuestros amigos que vivieron en frente, como no se molestaron al correr de la casa suya hasta la nuestra para ver una cara amigable y partir pan juntos. Es un limbo extraño en que vivir, con tareas ordinarias como cocinar y limpiar y cuidar los niños exigiendo los esfuerzos de siempre. La tensión es alta (o hasta astronómica), pero la vida continua, aunque puede ser que las únicas personas a quien ves son los que viven al par, o quizás solo los que se encuentran dentro tus cuatro paredes.

Así que confieso, no me dejé amedrentar cuando las tensiones subieron apenas llegamos a Líbano debido a los secuestros. Había personas que quedaban a casa, y más grande periódico libanés en inglés, The Daily Star, daba recomendaciones de cómo pasar el tiempo en casa. Incluyeron lavar la ropa delicada, y instrucciones de cómo hacer tu propio juego de Scrabble (primero pasando el tiempo creando los cuadraditos con las letras, recortándolos, y luego jugando – tomaría horas). Las sugerencias me parecieron absurdas, pero quizás no más que la reunión-con-amigos-en-el-barrio-para-una-barbacoa que hicimos durante los momentos difíciles a Tegucigalpa. Buscando normalidad bajo coacción. ¿Quién soy yo para criticar las ideas del artículo? Los libaneses han hecho un arte de destrezas de sobrevivencia.

Cuando supe que trasladaba desde Honduras hasta Líbano, la gente agotó ese cliché que habla de salir del sartén para el fuego. Aunque Honduras es un país bello para visitar, hay bastante delincuencia en las calles de las ciudades grandes, y yo vivía en una de ellas. Hasta esta semana, Beirut me pareció mucho mas seguro que Tegucigalpa. A Beirut, puedo manejar con los vidrios abiertos sin temer que me roban el carro. Puedo caminar por la calle sin temer que me roban el celular o la cartera.

Hay calor esta semana, y lo he experimentado. Pero, mis amigos se alegrarán saber que, no he estado experimentando el calor de Beirut. Ha sido el calor de sol siciliano, donde estoy visitando mi suegra y relajando por la playa. No es un mal momento estar lejos de las chispas del fuego.

Estamos a los mediados de agosto, y en Sicilia, Líbano, Siria, y por todo el Mediterráneo, todavía faltan, como decimos en inglés, días perros del verano. Según en Internet, el término “días de perro” viene de observadores antiguos de estos lugares, de países que bordan el Mediterráneo, donde los días más calientes del año coinciden con las semanas antes y después de la conjunción de Sirio, la estrella de perro, y el sol.

Me parece que el calor en Siria durará mucho más que el calor de los días de perro. Por mucho que quisiera poder influir los problemas en Siria, no hay mucho que puedo hacer. Pero todavía puedo juntarme en una cosa con la gente regular que se ha sido afectado en Siria, en Líbano, y por todo la región. Puedo compartir la esperanza que el fuego en Siria se apaga.

 


Gente local de Beirut encuentra maneras para escapar el calor del verano.

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Amor y Matrimonio

Love and marriage, love and marriage
Go together like a horse and carriage
This I tell you brother
You can’t have one without the other

  • “Love and Marriage” by Frank Sinatra

    Amor y Matrimonio
    Se complementan como un caballo y un carruaje
    Te lo digo hermano
    No se puede tener uno sin el otro

    Hasta ahora no conozco una canción de Frank Sinatra que no me gusta. Pero debo discrepar con esta clásica. Como sabemos, en tantos (¿o en la mayoría de?) lugares del mundo, es sin duda posible sentir amor, desear casarse, y no poder hacerlo.

    Caso ilustrativo: el Estado de Washington. Cuando estuve en mi pueblo natal de Seattle el mes pasado, la campaña para el Referéndum 74 era – parecido al amor mismo – apasionada. En Febrero del año actual, la legislatura del Estado de Washington aprobó matrimonio para parejas del mismo sexo. El Referéndum 74 fue propuesto por los que desean rechazar esa ley, y la población de Washington se votará sobre el asunto en noviembre. Los que luchan para mantener la nueva ley tienen mucho apoyo en Seattle, incluyendo una donación de US$2.5 millón at final de julio de parte de Jeff Bezos — fundador de Amazon.com y nativo de Seattle — y su esposa MacKenzie. Washington era entre los primeros estados en derogar sus leyes en contra de matrimonio interracial (los derogó en 1868, antes de ser un estado, cuando era territorio de los pioneros), así parece apropiado que sea entre los pioneros de matrimonio para parejas del mismo sexo. Veremos en noviembre si amor y matrimonio se complementan como el caballo y el carruaje para los conductores del mismo sexo.

    El matrimonio es un tema candente en Líbano también.

    Hasta antes de irme de Honduras, yo estaba en contacto de una amiga de un amigo a Beirut, quien me escribía con excelentes consejos para la mudanza. En uno de sus correos electrónicos, la amiga notó que otra persona que había escuchado sobre la próxima llegada de mi esposo y yo a Líbano le había preguntado: “¿Cómo así un italiano católico se ha casado con una americana protestante?!”

    ¿Qué? Nuestras propias familias (y el pastor quien nos casó) habían apoyado nuestro matrimonio interreligioso. Pienso que a nadie más le había importado. Para ser honesta, no entendía por qué debería importar a alguien más.

    El correo continuó: “Me reía y la contesté diciendo, ‘Igual como un italiano católico se casó con una libanesa protestante.” (El caso de esta amiga libanesa.)

    ¿De dónde vino esa pregunta? De un sentimiento anti-católico? ¿Un sentimiento anti-protestante? ¿Un sentimiento ultra-religioso? Suponía que me daría cuenta al llegar a Líbano.

    Cuando llegué a Beirut, compré una copia de una revista que considero ser el guía indispensable de cualquier ciudad donde se publica: Time Out. Abriéndola, vi un anuncio de dos páginas para “matrimonio civil a Chipre,” US$1,900 por pareja. Dos días y una noche en Chipre, incluyendo los vuelos, una noche en un hotel de cinco estrellas, traducción de documentos, testigos para el matrimonio, y un ramo de flores para la novia. Sólo veinte minutos en avión de Beirut, parece que es posible hasta hacerlo todo en un solo día, para los a quien falta tiempo o dinero.

    ¿Por qué Chipre? Es cierto es queda cerca y tiene playas que son dignas de una luna de miel. Pero, ¿por qué las bodas de destino merecían un anuncio así de grande? Y para matrimonios civiles. (Parece que la explicación de sentimientos ultra-religiosos no era la correcta.)

    Evidentemente, para aspirantes a matrimonio quienes no comparten la misma religión, es Chipre o nada.

    Resulta que el matrimonio civil no existe a Líbano. Todos matrimonios se contratan bajo una autoridad religiosa. Con solo un par de excepciones*, se requiere conversión religiosa si los novios no provienen de la misma comunidad religiosa, de lo cual hay 18 en Líbano. Con tu religión indicada en tu pasaporte, no hay posibilidad tampoco de engañar él que oficia la boda. Ya vi la pregunta “¿Cómo así un italiano católico se ha casado con una americana protestante?!” de otro punto de vista. Más que “cómo así?” era una pregunta verdadera de “¿cómo?”

    “Fui a mi iglesia para ver si mi novio y yo podríamos casarnos aquí [en Líbano],” me contó la corredora de bienes raíces. Una mujer cristiana que quería casarse con un hombre cristiano, pero uno que nació y creció en otro país. “Me dijeron que tuvimos que obtener una copia de su certificado de bautismo. Decidimos que sería más fácil casarnos en el extranjero.”

    Aunque el matrimonio civil no existe dentro del Líbano, desde 1936 se ha reconocido legalmente los matrimonios civiles contratados en el extranjero. Además, las parejas que se casan con una boda civil en el extranjero pueden divorciarse con una tribunal civil de Líbano, bajo la ley del país donde la pareja se casó – una vuelta que puede ahorrar miles de dólares, y dar resultados más equitativos no solo para los procedimientos del divorcio, sino también para custodio de los hijos, dado que los divorcios religiosos en Líbano normalmente favorecen en alto grado al padre.

    En el caso de mi corredora de bienes raíces, ella y su novio se fueron a Australia para casarse. Con su ubicación cercana y facilidad de papeleo, Chipre está aumentando en popularidad. Según la Embajada de Chipre a Beirut, unas 800 parejas libanesas llegaron a Chipre en 2011 con el propósito de casarse. Al final parece que sí hay un modo para que más libaneses enganchen su caballo al carruaje.

    aunque las normas sobre matrimonio cambian de lugar a lugar, el deseo tomar una linda foto de recordatorio es universal. Aquí, los Baños Romanos a Beirut son de los lugares más populares para tomar esa foto para parejas Beirutis.


    *Los hombres musulmanes pueden casarse con mujeres cristianas o judías, y los hombres Cristianos Maronitas pueden casarse con mujeres musulmanas. Los niños automáticamente pertenecen a la religión de su papá.

Nota Breve

Aterricé en Beirut hace dos noches, después de una visita a mi pueblo natal, Seattle. Según en anuncio del piloto, hacía 29 grados Celsius (84 F), a pesar de ser casi las 11 de la noche. Cuando salimos del aeropuerto para el estacionamiento, el aire caliente y bochornoso nos envolvió. Un cambio dramático de los altos de temperatura de unos 18 grados Celsius (65 F) que habíamos experimentado en Seattle.

Cuando llegamos al hotel, mi esposo comentó que el estacionamiento (y el hotel) habían estado llenísimo durante el fin de semana, con gente de Siria. Ya era lunes, y él pensaba que los sirianos se habían regresado a Damasco, que queda apenas dos horas de Beirut en carro. Es difícil imaginar que mientras los Beirutis van a la playa por el fin de semana para una tregua del calor veranal, los Sirianos vienen a Beirut por el fin de semana para una tregua de la guerra civil.

Si hasta Beirut y Damasco pueden sentir mundos aparte, imagínate cuánto lejos se siente Beirut desde Seattle. Pero aun así, regresando a nuestra nuevo hogar en Beirut (aunque ese hogar sea todavía un apartamento del hotel), sentía como habíamos regresado a hogar, dulce hogar.