Hay Fuego, Pero No Hay Humo

Los fuegos continúan en el Medio Oriente, con la guerra en Siria, y protestas en varios países de la región en las últimas dos semanas. Hace dos viernes en Líbano (el día de los ataques en Libia, y las protestas en Egipcia), hubo violencia en la ciudad libanesa de Trípoli, con ataques al Kentucky Fried Chicken y Hardee’s (un restaurante de hamburguesas), además de un ataque a un edificio de gobierno en esa ciudad. El viernes pasado, los periódicos informaron que decenas de miles manifestaron en la región El Bekaa (en el oriente de Líbano), y unos miles se agruparon en el centro de Beirut, a la Plaza de Mártires, para protestar en contra de la película y las historietas notorias.

Llegando aquí desde Latinoamerica, las manifestaciones no son nada nuevo para mí. Me acuerdo de un día que hubo una manifestación cerca de la universidad a Tegucigalpa, Honduras, la cual yo pasaba todos los días para ir a recoger mis hijos de la escuela. Vi una llanta en llamas más adelante. Hice las cosa prudente: di una vuela con el carro, y encontré otra ruta a la escuela. Cuando hay fuego – literal o figurativo – me quedo lejos, e igual me he quedado lejos de las manifestaciones en Líbano.

Afortunadamente, no hubo violencia a las manifestaciones del viernes pasado. Y aunque pueda parecer surreal, por la mayoría de los Beirutis, la vida proseguía como normal, quienes simplemente evitaron la manifestación en el centro de Beirut y todo el tráfico asociado (la policía había cerrado las calles cercanas, creado un enredo feo del tráfico). Para mí y mi familia, la vida como normal quiso decir asistir a un evento de la escuela, uno que estaba en el calendario desde semanas antes, pero por coincidencia cayó en la misma fecha y hora como la manifestación: Tiza Por La Paz.

Así que mientras los manifestantes agruparon en una parte de la ciudad, centenos de niños y niñas escolares agruparon en otra parte, utilizando la tiza para escribir mensajes de paz y esperanza.



 


Bello.

Pero como noté, por la mayoría de la gente, la vida continua con normalidad en este rincón del mundo, y la vida complicada de Líbano está salpicado con asuntos más rutinarios, como la nueva prohibición de fumar.

este centro comercial implementó la ley con dos días de anticipación


El 3 de septiembre, 2012, Líbano siguió Nueva York, San Francisco, Seattle, Argentina, Honduras, y varios otros países, implementando una prohibición de fumar en todos bares, restaurantes y cafés encerrados (completando una prohibición que inició con edificios y transportes públicos). Hay una multa de US$100 que se aplica a individuos que violan la prohibición, y una de hasta US$4000 para locales que permitan que la gente viola la prohibición en su propiedad. Salimos a cenar un par de noches después, y fue un alivio no deber inhalar el humo de los demás mientras que una come. También era interesante que alrededor de las 9pm, uno de los meseros pasó por el restaurante, colocando ceniceros en todas las mesas. No vimos a nadie que fumaba antes de irnos, quizás hace falta quedar hasta más noche para eso.

Según un periódico local, The Daily Star, “Las tasas de fumar en Líbano son entre las más altas del mundo, con 42 por ciento de hombres, y 27 por ciento de mujeres que fuman.” Además de cigarrillos, los libaneses a menudo fuman nargilehs (también conocido como pipas arguileh, shisha o hookah): pipas de agua que se calientan con carbón, para fumar tabaco con sabor a fruta. El agua sirve para enfriar el humo, y los locales que ofrecen nargileh típicamente tiene uno o más meseros dedicado a eso: traen la pipa alta a la mesa, la encienden (fumándolo un poco – cambian la boquilla antes de dártela), y pasan cada rato con carbón caliente para mantener la pipa. Fumando un nargileh parece ser especialmente popular con mujeres, y en particular, con mujeres musulmanes. Se fuma en cafés y restaurantes (ahora solo a los que tienen mesas al aire libre), a la playa, y he visto grupos de mujeres que se sienten y fuman mientras que sus hijos jueguen al parque de diversiones o al parque acuático.

 

A pesar de su popularidad, uno de las personas que conocí en mis primeras semanas en Líbano declaró que “fumar un nargileh es equivalente a fumar 40 cigarrillos.” No pude encontrar nada para respaldar esa estadística en el internet, pero sí encontré unas declaraciones mas: “Una pipa de nargileh tiene 100 veces mas humo que un cigarrillo.” “Dado que el tabaco se caliente en lugar de quemarse, hay menos alquitrán.” “Los niveles de monóxido de carbono que se produce y absorbe es seguramente igual o mayor de la nargileh como de cigarrillos.” (Pero ¿cuántos cigarrillos?) “Una pipa tiene nicotina equivalente a 10 cigarrillos.” (Pero no necesariamente se fuma toda la pipa.) Los efectos varían no sólo según cuánto tiempo se fuma la pipa, pero también según el modelo de pipa que se usa (hay diferentes formas y tamaños). Los detalles nebulosos se prestan bien para ignorar los efectos de fumar un nargileh, aunque claramente, cualquiera podría reconocer que es dañoso. Pero eso no para aproximadamente un tercero de estudiantes de escuela secundaria a Líbano que fuman una pipa (en comparación con el 6% que fuma cigarrillos). A mi me encanta apoyar las prácticas culturales, pero cuando son dañosas, un elemento disuasorio legal puede ser una buena cosa.

Los ataques a Trípoli, las manifestaciones a El Bekaa y Beirut – figurativamente hay fuegos a Líbano. Pero menos mal, ya no hay humo.


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Las Playas de Beirut

En mi última instalación, escribí sobre las tensiones que aumentan en Beirut. Luego mencioné que estuve por la playa en Sicilia. ¿Frívola de parte mía?

Antes de llegar a Líbano, quizás habría pensado que sí. Pero con un verano paseando por Beirut, ya sé mejor. Los “Beirutis” son apasionados, hasta obsesionados, sobre sus playas. En uno de los libros sobre Beirut que leí en mi primer mes aquí, la autora contó de la desesperación de una amiga para la playa cuando la ciudad fue bajo sitio, durante la guerra con Israel en el año 2006. Durante un breve alto de fuego, la amiga no dejó escapar la oportunidad. Tomando su carro, manejó con velocidad, entró un túnel que lleva a la salida de la ciudad, y al final encontró con un soldado – solo, pero armado. Dio la vuelta, probó otra ruta, y otra, y otra, hasta que encontró una manera de salir de la ciudad y pasó el día por la playa.

Eso es dedicación seria para la playa.

La costa de Líbano extiende unos 225 kilómetros, pedregosa por partes, arenosa por otras, y las aguas del Mediterráneo lamen su ribera calurosamente. Hay una playa pública al punto sur de Beirut. Es popular con familias, pero las mujeres con menos de ropa completa son pocas allí. Por el Corniche, la gente local (primariamente los hombres) se refrescan con saltos en el agua desde la orilla rocosa. Se puede una mujer bañándose de vez en cuando con su familia, a veces con ropa completa, a veces con un traje de baño modesto, estilo de los años 20.



Hay pocas playas públicas y gratis, pero muchos clubs por la playa, que cobran desde US$10 hasta US$35 o más por persona, para utilizar sus instalaciones. En ellos hay una abundancia de sillones de playa y sombrillas, y muchos de los clubs también tienen piscinas. Dentro de la ciudad, la gente adinerado suele haraganear en uno de los clubs caros construidos sobre las rocas, hombres musculosos y mujeres en bikini ocultados de las miradas del público por mamparas y toldos. Las riberas al norte y al sur de la ciudad son parecidos, playas públicas entremezclados con clubs privados que están bien retirados del ojo del público.

Para los libaneses, la playa a donde vayas cuenta algo sobre quien eres.

“¿Fueron a la playa Al-Jisr?” me preguntó mi tutora de árabe con sorpresa. “Hay otra que les va a gustar más, hay que probar Jiyé Marina… La gente que va a Al-Jisr viene toda del mismo pueblo.”

“¿Fueron a la playa Al-Jisr?” me dijo el estilista del salón de belleza. “Tienen que ir a Lazy B, es más europea, les va a gustar más.”

Yo no había quejado de Al-Jisr, pero mi familia y yo estuvimos dispuestos a probar todas las playas.

Nos gustaron los precios accesibles de Al-Jisr, sus palapas enormes por la playa, y la piscina gigante, a pesar de la muchedumbre y el olor penetrante de las pipas argileh. (Los argilehs son pipas de agua en que se fuma tabaco a gusto de fruta, popular con muchos libaneses.)


Nos gustaron la ensenada arenosa y el agua tranquila de Jiyé Marina.


Y sí nos gustó el estético “europeo”, colorido, y de líneas puras a Lazy B, además de su piscina para niños.


Hmmm…. cómo nos definen esas preferencias? Quizás como la familia aventurera y multinacional que somos.

En ruta a las playas del sura pasamos The Palms Ladies Resort (un resort sólo para mujeres). Una amiga expatriada que he hecho me contó de su visita al resort con un grupo de mujeres libanesas y sus hijos (varones menores de 10 años solamente). Es un lugar donde las mujeres pueden estar lejos de los ojos fisgones de los hombres. Hay embarcaderos por el agua que previenen que alguien del género opuesto se acerca demasiado por el mar. Mi amiga me informó que los bikinis eran escandalosamente minúsculos (y me contó que un grito colectivo salió cuando un varón en jet-ski pasó demasiado cerca). Conservador y rebelde mezclados, desafiando cualquier intento encasillar. Así me gusta.