Beirut – Tienes Que Ver, Tienes Que Hacer

La inestabilidad, coche bombas, y aún te vas para Beirut. O tal vez ya estás aquí. ¿Qué hacer ahora?

Aquí hay algunas sugerencias mías, publicados en AOL travel.

Suficientes ideas para mantenerte ocupado por unos días a Beirut, además de ideas para tu tiempo libre, desde noches de marcha hasta fines de semana fuera ciudad.

Ya cuando te hayas terminado aquellas sugerencias, y te quieres quedar cómodo en el sofá mejor, yo debería haber terminado con mi lista de “Tienes Que Leer” para Beirut, y te mantengo ocupado.

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Caminatas en Líbano – a Horsh Ehden

La semana pasada fue la celebración musulmana de Eid-al-Adha, lo cual (según Wikipedia) honora la disposición del profeta Abram a sacrificar su joven hijo en un acto de sumisión a la voluntad de Dios, y la aceptación de su hijo a ser sacrificado, antes de que Dios interviniera, proporcionando a Abram un cordero a sacrificar en lugar de su hijo. Es uno de las celebraciones musulmanes más importantes del año. Mi esposo recibió tan solo un día de feriado, pero mis hijos recibieron cuatro (!), y quise aprovechar a hacer turismo.

(Wikipedia también reveló que Eid-al-Adha dura cuatro días, supongo que fue por eso la vacación de la escuela duró así tanto.)

Bueno, el feriado oficial para Eid fue el martes pasado, así convencí a mi esposo escapar temprano del trabajo el lunes, metimos los niños en el carro, y manejamos al norte, al pueblo de Ehden. Queda tan solo 90 minutos de Beirut, pero cuando vives en un país de estampilla, te acostumbras a distancias cortas y 90 minutos parece más de lo que se puede hacer en un solo día, así que decidimos pasar la noche allá.

Salimos de la carretera principal para subir las montañas al este unos pocos kilómetros antes de Trípoli – una ciudad que no hemos visitado todavía debido al combate que revienta en la ciudad de vez en cuando, como resultado de la guerra que excede de la frontera con Siria. Pudimos ver Trípoli desde la carretera, y de lejos se miraba tranquilo y bello.

Llegamos a Ehden, que pudiera haber sido un pueblo de montaña en Italia o Croacia – callejones serpenteantes, negocios chiquitos rodeando una plaza central, una capilla que se dice es la iglesia Maronita más antigua del Líbano.

San Mama, del año 749 A.D.

(Hay una cantidad desmesurada de hoteles a Ehden por ser un pueblo tan pequeño, reflejando su popularidad como un destino estival, para escapar el calor. Hacía “solo”28 grados cuando nos fuimos de Beirut, pero de hecho escapamos el calor – era propio frío a Ehden, y nos alegramos de haber empaquetado suéteres al último momento.

El hotel nos parecía excesivamente caro por un estándar Americano/Europeo, pero es normal para Líbano (parece que la bajada dramática de turistas ricas del Golfo durante los últimos 18 meses no ha llevado los hoteleros a bajar los precios). Pero sí fue lindo, una casa tradicional libanesa renovado y convertido en hotel boutique, ubicado al par de la plaza. (Estar al par de la plaza no era tan lindo a las tres de la madrugada, cuando los últimos de los juerguistas de Eid se gritaban de un lado de la plaza al otro, pero sí lo disfrutamos cuando salimos a pasear en el pueblo al anochecer.)

El restaurante del hotel había cerrado cuando la estación estival terminó. En su lugar, el personal del hotel nos acompañó a un restaurante pequeñito de solo dos mesas que se llama Abou Simón. Abou Simon (el papá de Simón) es un soltero mayor (¿viudo? ¿divorciado? me pareció impertinente preguntar) quien elabora sus propios escabeches y mermeladas, y barbacoa cualquier tipo de kebab sobre las brasas afuera del local, sin jamás quitar su blazer de tela escocesa. Estuvimos todos algo tensos cuando el personal del hotel nos dejó, porque el inglés de Abou Simón fue tan pobre como nuestro francés. Luego descubrimos que él vivió por más de una década a Venezuela, y con alegría cambiamos al español. Para el final de la comida (compuesto de verduras, quesos, pinchos de pollo, carnero y albóndigas, todos ultra-frescos y ultra-deliciosos), éramos amigos queridos.

El día siguiente, nos dirigimos a Horsh Ehden, una reserve natural, para una caminata. Como estuvimos en las montañas, la primera hora era una subida tortuosa (pero si te ocurre ir y no estarás con una niña reacia de ocho años, la subida se puede caminar en la mitad del tiempo). Nuestros esfuerzos se premiaron con un escenario hermoso de árboles deciduos que se había hecho dorados, y una foresta de los famosos cedros de Líbano como telón de fondo.


Después de tanto caminar, estuvimos afamados, pero igual quisimos empezar la calle a casa. Bajamos de las montañas al mar, y llegamos a Batroun, donde nos paramos para la comida. Suéteres al anochecer, y nadadores el día siguiente. Al principio me dio lástima que no había traído los trajes de baño de mis hijos, pero no debería haberme preocupada. Mi hija no le permite a nada pararla, y después de comer se tiró al mar para nada, tal como estuvo, zapatos y todo. Un día glorioso.

Soldados y Superhéroes

“Veo que la ropa de camuflaje es bien popular para otoño,” observé a mi cuñada, mientras que estuvimos de compras en Italia al final de agosto.

Mi cuñada es venezolana. “Lo sé, y no lo entiendo. Supongo que creciendo en Venezuela, con soldados por todos lados…” dijo frunciendo el ceño. “Nunca me pondría algo militar.”

Yo crecí en el noroeste del estado de Washington (de no confundir con la ciudad/capital, Washington D.C.), donde hay una importante base militar estadounidense (Fort Lewis). Soldados armados no formaron parte de mi niñez, pero sí era común ver soldados de permiso a los centros comerciales – y no eran por nada una presencia amenazante. Tuve que confesar a mi cuñada que yo había comprado para mi hijo un par de cosas de diseño camuflaje en el último año: pantalones cortos y una tapa para su Kindle. A él le fascina la mega-tienda Cabela’s, que vende productos para camping y la caza, pero me estoy engañando si me digo que hay una diferencia entre eso y comprar cosas de la tienda “Army & Navy Surplus” (excedentes de las Fuerzas Armadas y la Marina).

A pesar de mi actitud relajada en relación a la moda camo, esta cartelera a Beirut sí me dio que pensar.

Líbano sufrió 15 años de guerra civil en su historia relativamente reciente, fue bombardeado en 2006 por más de 30 días consecutivos por su vecino del sur, y está al borde de estar metido en una guerra regional por su vecino del norte. A mí, me hace pensar que se debería evitar una glorificación del ejército. Pero tal vez si eres ciudadano de un país que está alerta a todo momento debido a amenazas tanto internas como externas, se llega a la conclusión opuesta.

Esta compañía Lebraz tiene carteleras en varios lugares de la ciudad. Esta es la cartelera más grande que vi de ellos, pero tienen otras más pequeñas con otros motivos. Además del estereotipo de soldados para niños, hay una línea estereotípica para niñas también, de princesa. (Alimentando la compleja de princesa – otra práctica problemática del labor parental, de la cual nuevamente soy culpable.) Pero me animé cuando, después de un par de días de buscar, vi que Lebraz ofrece un tercer motivo: Superhéroe.

Podríamos hacer buen uso de unos superhéroes hoy en día. ¡Que vengan!

Pensando en Siria y Comiendo a Tawlet

Estoy pensando mucho en Siria, y no es solamente porque vivo en el Medio Oriente. De los periódicos estadounidenses que leo en línea, y de las llamadas que recibimos de la familia de mi esposo en Italia, veo que hay muchos pensando en Siria en los EEUU y por toda Europa también.

Aquí en Líbano:

Voy al parque…. y hablo con otros papás y mamás sobre Siria.

Salgo de noche a cenar con mi esposo y nuestros amigos…. y hablamos de Siria.

Paso por la casa de una amiga… y con nos esforzamos a evitar el tema de Siria mientras tomamos un café. Pero… la televisión está encendida mientras que damos unos sorbos a nuestro ‘ahwe, y CNN no habla de otro que Siria.

No me alcanza el tiempo para mantenerme al día con todo que hay para leer sobre Siria. (Pero si te interesa el tema y no te molesta leer en inglés, aquí hay una lista – actualizado con regularidad – de artículos recomendados en línea, creado por el periodista Bill Moyer.) Ayer encontré una frase que me resonó, aunque si ya son dos meses desde que se publicó en Foreign Affairs:

Las reglas de Las Vegas no se aplican a Siria: lo que sucede en Siria no se quedará en Siria.” *

Eso ya está claro para los vecinos en Líbano. Con 630,000 refugiados registrados y cientos de miles más Sirianos viviendo sin registrarse en Líbano, ya sabemos que lo que sucede en Siria no se queda en Siria. Con secuestros tras-fronteras – algunos para venganza, otros para el rescate – aumentando, ya sabemos. Con dos coche bombas a Trípoli y una a Beirut el mes pasado, ya sabemos. Y lo que no sabemos, especulamos. Los vecinos en Israel ya están abasteciendo con máscaras antigás, por si un ataque estadounidense podría significar que Siria responde con armas químicas en Israel. Aquí en Líbano nos preocupa que un ataque estadounidense en Siria podría, por ejemplo, resultar en un ataque por el grupo libanés Hezbolá contra Israel, que a su vez seguramente resultaría en un ataque israelí contra Líbano. (La última guerra entre Hezbolá e Israel tomó lugar en 2006, y en tan solo 34 días resultó en 1,191–1,300 muertos libaneses, and 165 muertos israelíes, y otros millón libaneses y 300,000–500,000 israelíes desplazados de sus hogares.) Líbano intenta mantenerse afuera de la ecuación siriana con su política oficial de “disociación” por buenas razones.

Sin embargo…

¿Qué es la vida sin alegría? Nour Malas escribió en el Wall Street Journal que hasta hay un negocio que vende vestidos de novia en el campamento de refugiados Za’atari en Jordania. Las parejas están eligiendo vivir en el momento en lugar de sufrir la incertidumbre enloquecedora, cambiando inercia por acción.

Igual, el domingo yo estuve decidida salir de la jungla de asfalta, y recordarme de la belleza de Líbano. Llevando mi marido, mis hijos, y hasta otra familia, fui al Valle de Beká para probar el restaurante Tawlet Ammiq. Un día para disfrutar un buen almuerzo, una copa de arak, y la compañía de buenos amigos.

Tawlet (que significa mesa en árabe) es un restaurante orgánico operado por la comunidad, en la orilla occidental del Líbano oriental. El menú varía cada fin de semana según lo que las mujeres del pueblo se animan a preparar, de lo cual cocinan mucho en sus casas y traen al restaurante ya listo. Jóvenes de los dos pueblos cercanos te llenan el vaso de agua, limonada, o arak.

La comida fue fantástica – ensaladas de tabbouleh y fattoush, frescas y cítricas; cremas de berenjena, de garbanzo, y de yogurt (mouttabal, hummus y labneh, respectivamente); kibbeh nayyeh (un plato de carne crudo picado); pollo y pescado a la plancha. Había también shish barek (empanaditas de carne en una sopa de yogurt con eneldo), carne con frikke (trigo verde tostado), y mulukhiyah (estofado de pollo con algún tipo de hoja). Para postre, pescas, higos, melón y sandía, galletas al limón, y knafe, un postre árabe de queso dulce cubierto con migas de sémola y jarabe de azúcar.

El paisaje era tan estupendo como la comida. El restaurante ha sido construido en la falda de una montaña salpicada de árboles y ruinas de piedra, cerca de dos pequeñas iglesias. La mayoría de las mesas están al aire libre – algunos sobre grama verde, otros en el porche, todas colocadas para gozar el panorama del valle.


(Si te tienta, los detalles son los siguiente: $40pp por adultos, $20pp por niños, se recomienda reservaciones, tel. 0300-4481. En carro se tarda unos 75 minutos desde Beirut. Si no tienes tiempo por el viaje, hay otro sucursal de Tawlet en el barrio Gemmayze de Beirut, lo cual sirve un almuerzo buffet lunes a sábado por US$30pp.)

El restaurante es un esfuerzo transnacional e interreligioso, modelado en un proyecto de desarrollo en Jordania, su construcción financiada por asistencia suiza. Las cocineras y los meseros son de los pueblos cristianos de Ammiq y Niha, mientras el encargado y su esposa – quien es la jefa de cocina – provienen de un pueblo druso (una rama de Islam) en la reserva de cedros Shouf. Un pequeñísimo rayo de exitosa cooperación y co-existencia en una región asediado por conflicto.


Las montañas en el lado lejano del valle forman la frontera con Siria, menos de 20 kilometros de donde almorzamos. La montaña verde que se directamente arriba de la jarra de agua en la primera foto, y el pueblo encima de las montañas en la segunda foto pertenecen a Siria. Según el encargado del restaurante, bombardeos formaban una parte regular del paisaje auditorio hasta un par de semanas, cuando una facción o la otra (pienso que dijo los rebeldes, pero no puedo decir con certeza) tomó control de un pueblo o una región apenas en el otro lado de las montañas. Me pregunté si el ruido del bombardeo en las distancia afectó los apetitos de los que venían a comer a Tawlet durante aquellos fines de semana anteriores. Escuchamos lo que posiblemente eran tiros en la distancia a un cierto momento – lo cual en Líbano podría significar que escuchábamos cualquier cosa desde una celebración de un cumpleaños o un discurso político, hasta bombardeos en Siria – y nos pusimos tensos mientras esperábamos para ver si los ruidos continuaban, relajando solo cuando no volvimos a escucharlos.

Así que comimos y nos reímos más, continuando, como siempre hace la humanidad, a pesar de los tiempos difíciles.

*    *    *

Naturalmente, la vida puede cambiarse en un instante, y hasta mientras yo escribía esta entrada, escuché las noticias sobre la evolución reciente de la situación: puede que se evitará un ataque de parte de los estadounidenses si las armas químicas sirianas se dan a la Rusia.

Puede ser que el indulto sea temporánea, pero aquí en Líbano nos lucimos al juego de esperar. Por ahora, se siente como Líbano ha respirado un suspiro colectivo de alivio.

*Para los que no conocen, “Lo que sucede a Vegas se queda a Vegas” es el lema popular que la Ciudad del Pecado (Las Vegas) empezó a utilizar para promocionarse hace unos años. Interesantemente, durante la búsqueda para el link al artículo de Foreign Affairs, encontré otro artículo con casi la misma frase, también del mes de julio, pero publicado en la revista New Statesman,– con crédito al exdirector de planificación de políticas al Departamento del Estado de los EEUU Dennis Ross. No sé quién lo dijo primero, pero es innegable que tenían toda la razón.

Disociación

Tengo una entrada ya escrita para este blog sobre el alfabeto árabe. Pero los eventos recientes a Líbano incluyen coches bomba mortales a Trípoli, informes sobre guerra química a Siria, y mísiles israelíes llegando en la valle cerca Naamé – un pueblo que visité en junio, para conocer refugiados sirianos que la ONG libanesa “Cedars for Care” ha apoyado. Publicar un blog sobre la ortografía árabe me parecía un poco…. disociado de la realidad.

Disociación es una palabra poderosa a Líbano. Es la política oficial nacional sobre el conflicto en Siria. Líbano no apoya ningún lado del conflicto, con la esperanza de prevenir que el país se sumerja en conflicto. (Es decir, no se toma lados oficialmente – pero obviamente hay individuales y grupos sinfín que son fervientemente partidista.)

A veces me parece que la disociación es la única manera atravesar la realidad. Líbano no se haya sumergido todavía, pero los señales indican claramente que se está hundiendo poco a poco en conflicto. Como una extranjera, tengo el lujo de abandonar el barco antes de que se hunda. Pero por la duración que logra flotar, la vida sigue como siempre. La vida cotidiana disocia de la realidad del conflicto. Las carteleras anuncian mochilas e insumos escolares, y me abastezco. Llamo centros deportivos sobre clases para los niños, y organizo una sesión a prueba. La construcción de nuevos edificios sigue con estrépito y despacha polvo en el aire.  Mi esposo cenó en uno de los restaurantes más prestigiosos en Beirut el lunes – y a pesar de ser lunes, el local estaba lleno.

Y hay veces que los mundos incongruentes tocan. Una cena tranquila, con las ventanas abiertas al aire cálida del verano, se ve interrumpido por el ruido de helicópteros de las NNUU que practican simulacros en un campo de aterrizaje cercano. El coche bomba del 15 de agosto en la periferia sureña y los mísiles apenas al sur de Beirut a Naamé me llevan a cancelar planes a visitar la playa en el sur, y organizo actividades para los niños que me llevan otra dirección. El manual para padres y madres de escuela ha sido revisado para el nuevo año escolar, y veo que junto a las reglas de siempre sobre comportamiento y vestido adecuados, hay una nueva sección, que se titula “Disturbios Civiles, Desastres Naturales, y Pérdida de Comunicación.” Se informa a los papás y mamás que la escuela tiene bastante “agua fresco, leche en polvo, cereal, galletas y té en caso de una estadía de una noche.” (¿Te para niños de primaria?  Pero me estoy alejando del tema. Obviamente, sería el problema menor.)

¿Mis planes por ahora? Preparo la chaqueta salvavidas: voy a asegurar que tengo nuestros documentos organizados y un plan B en desarrollo, por si acaso las cosas llegan a necesitar pasos así. Pero por hoy la barca está, gracias a Dios, todavía flotando, y mis planes más urgentes son qué preparar para la cena, y cómo voy a entretener los niños durante estos últimos días del verano antes de que empieza la escuela. A decir la verdad – todavía me alegro estar aquí, sigo disfrutando Líbano. Los eventos recientes me duelen el corazón, pero me alegro de estar en esta barca.

Barca en aguas libanesas cerca a Biblos, un imagen de fondo descargable a DiscoverLebanon.com

Barca en aguas libanesas cerca a Biblos, un imagen de fondo descargable a DiscoverLebanon.com

Agujero en la Pared

En los EEUU, utilizamos la expresión “agujero en la pared” para describir un pequeños negocio sin pretensiones, típicamente un bar o restaurante. Hay bastante “huecos en la pared” a Beirut:

Restaurantes, que podrían encajar en cualquier ciudad desde Beirut a Bogotá:


Negocios, como esta pequeña zapatería:


Bares, como este que tiene un lindo sentido de humor (se llama precisamente “Hole in the Wall” – agujero en la pared):


Y luego hay los agujeros totalmente literales:



La tragedia es que los agujeros literales en las paredes superan en número a los figurativos , y por mucho.

A pesar de la restauración en curso de los edificios históricos y la construcción perpetuo de torres nuevas y brillantes, los recordatorios de los estragos de la guerra civil libanesa son evidentes en casi todo edificio a Beirut que existía antes del 1990.

¿Cómo era la vida para los que vivieron todos aquellos tiroteos?

Un amigo en Honduras, un país que lucha contra un aumento sin fin de criminalidad, comentó recién en Facebook sobre la teoría sociológico del “vidrio roto”: investigadores encontraron que era más probable que criminalidad aumentara si un carro estacionado en el barrio tuviera sus vidrios rotos, y no intactos.

Se debate si esta teoría es una co-relación o una causa, y la realidad a Beirut es que a pesar de los agujeros de balas y los edificios bombardeados, hay bien poca criminalidad por la calle. Pero, ¿tendrán otro efecto aquellos vestigios de la guerra?

Día tras día, los libaneses pasan por edificios que han sido perforados por los proyectiles. ¿Cúal será el impacto psicológico, para la gente cuyos días y noches fueron interrumpidos por el estrépito de tiroteos y el silbido de cohetes?

Tal vez hay una manera de ponerse anteojeras que permite a la gente seguir adelante. Me asusta igual.

Por eso me alentó escuchar del trabajo de Offre Joie (la alegría del acto de dar), un grupo de voluntarios, principalmente jóvenes, quienes trabajaron a reparar los edificios de la calle Ibrahim Mounzer – la calle en mi barrio donde explotó una bomba el octubre pasado.



Se nota en la tercera foto que las reparaciones no se han completados cien por ciento – pero casi. El gobierno no proporcionó las reparaciones, y la gente se negó dejar los daños tal como estaban, y se esforzaron enormemente para ayudar a los demás. ¿Hay duda que los jóvenes son la esperanza del futuro? No hay “slacktivismo” acá, sino gente que se compromete a trabajar, y duro.


Para los a quienes les interesa el tema, hay un lindo video de unos minutos con mas detalle sobre este trabajo:

 

No se duda nunca que un pequeño grupo de ciudadanos considerados y comprometidos pueden cambiar el mundo; ciertamente, es la única cosa que lo ha hecho. – Margaret Mead

Líbano es la Suiza del Medio Oriente

En mi última instalación, exploré la analogía de la “Suiza del Medio Oriente,” comentando sobre las excelentes oportunidades para esquiar que inesperadamente descubrimos acá.

una Taverna Suiza a Beirut? hmmm….

Apenas lo leyó, y mi esposo me dijo, “llamaron a Líbano la Suiza del Medio Oriente por los bancos.”

No tiene que ver con la belleza y el romance de las montañas y nieve, sino con la banalidad de los bancos? Qué decepción.

Cuando llegamos a Líbano y tuvimos que abrir una cuenta bancaria, nos recomendaron abrir en un banco extranjero. Para seguridad, nos dijeron. Este banco se emite sus tarjetas de débito a Dubai en lugar de emitirlos aquí a Líbano. Para seguridad, nos dijeron. El servicio al cliente también es una pesadilla – igual como me fue ayer a un banco libanés, donde pasé casi una hora, tan solo para depositar un cheque. (Sistema fallado. Claro, podría suceder adonde sea, pero durante cinco años en Honduras, y en los décadas que llevo utilizando bancos en los EEUU, nunca me ha pasado una espera como ayer.)

La Suiza = bancos seguros y convenientes. Si los bancos libaneses no se consideran tan seguros, y de lo que veo hasta ahora no son tan convenientes, ¿de dónde viene esta analogía bancaria?

Cuando tengo dudas, pregunto a Google.

Parece que habían leyes de confidencialidad bancaria en Líbano que parecían a los de Suiza. (Escribo esto con el tiempo pasado, porque puede ser que aquellas leyes ya no sean tan atractivas, debido al nuevo requisito americano que requiere que bancos extranjeros comparten detalles con del departamento estadounidense para los impuestos (IRS) para cuentas de gringos con US$50,000 o más en depósito.)

Una vez que empecé a buscar, encontré muchas semejanzas más entre la Suiza y el Líbano:

Armarios llenos de oro. Según la revista The Economist, Líbano sigue la Suiza en reservas de oro per cápita.

¿Por qué será? Volvemos al tema de los bancos. Las reservas se compraron en los años 60 y 70, cuando el país fue el centro financiero del Medio Oriente. Restricciones legales las mantuvieron en los bancos durante la guerra civil del país, además de las leyendas de que el gobernador del banco central, Edmond Naim, dormía dentro el banco para protegerlo. (Aunque podría haber sido simplemente que el viaje al trabajo desde su casa en la otra mitad de la ciudad fue demasiado peligroso durante la guerra civil.)

Sociedades pluralistas. Hace un par de años, hubo una conferencia entera a Beirut sobre este tema, organizada por el Carnegie Endowment for International Peace, e iniciada por el Embajador Suizo a Líbano. Los dos países han enfrentado desafíos por las diferencias religiosas, lingüísticas, culturales, y socio-económicas. Dado las otras diferencias más radicales entre los países (por ejemplo, los niveles de desigualdad económica), tengo curiosidad sobre los resultados de esa conversación.

Mi favorito personal: producción de chocolate.

Líbano es el más grande productor en el Medio Oriente para chocolates de alta calidad.

   

Hay decenas de tiendas y “boutiques” de chocolates por todo Beirut, además de Patchi, una tienda chocolatera con tienditas por toda la ciudad, producción aquí y en el Árabe Saudita, y distribución global.

Como una adicta al chocolate quien ha vivido en Ecuador (un país exportador de cacao que recién ha reiniciado producción chocolatera de alta calidad), Seattle (hogar de productores chocolateros gourmet Theo, entre otros), y Nueva York (mercado global para chocolates de primero), me considero una novata, pero entusiasmada, “gormanda” de chocolate. El chocolate suizo es famoso. Pero yo nunca había escuchado del chocolate libanés antes de llegar.

  

Los chocolates Patchi nos dieron la bienvenida a Líbano. Poco después de llegar, asistimos un almuerzo formal donde se ofrecieron los chocolates Patchi en bandejas de plata. Mis hijos los agarraron por puñados. Me sentí abochornada. Pero los anfitriones libaneses cumplieron con su famosa hospitalidad, y solo insistieron que los niños llevaron aún más. Tuve que confiscar algunos de los “extras” después de que nos fuimos del almuerzo, como obligación materna, ¿no es cierto? Eran sedosos, balanceados, deliciosos. Los gozaba por días.

Patchi comenzó su producción en el año 1974 – un año antes de que la guerra civil libanesa estallara. No sólo sobrevivió, sino floreció (ahora cuentan con unos 140 tiendas en 29 países). Hace unos meses, leí un libro sobre Beirut durante la guerra en lo cual una niña escapaba de casa para comprar chocolates – porque tomando riesgos era una manera para hacer que la vida valía la pena. No sé si yo soy tan dedicada al chocolate, pero me encanta la idea.

En el blog Mostly About Chocolate, escriben que Patchi significa besos. No sé cuántos besos los suizos usan para saludar, pero cuando los libaneses saludan, dan tres. Así que te saludo por hoy, y te dejo con estos: