Soldados y Superhéroes

“Veo que la ropa de camuflaje es bien popular para otoño,” observé a mi cuñada, mientras que estuvimos de compras en Italia al final de agosto.

Mi cuñada es venezolana. “Lo sé, y no lo entiendo. Supongo que creciendo en Venezuela, con soldados por todos lados…” dijo frunciendo el ceño. “Nunca me pondría algo militar.”

Yo crecí en el noroeste del estado de Washington (de no confundir con la ciudad/capital, Washington D.C.), donde hay una importante base militar estadounidense (Fort Lewis). Soldados armados no formaron parte de mi niñez, pero sí era común ver soldados de permiso a los centros comerciales – y no eran por nada una presencia amenazante. Tuve que confesar a mi cuñada que yo había comprado para mi hijo un par de cosas de diseño camuflaje en el último año: pantalones cortos y una tapa para su Kindle. A él le fascina la mega-tienda Cabela’s, que vende productos para camping y la caza, pero me estoy engañando si me digo que hay una diferencia entre eso y comprar cosas de la tienda “Army & Navy Surplus” (excedentes de las Fuerzas Armadas y la Marina).

A pesar de mi actitud relajada en relación a la moda camo, esta cartelera a Beirut sí me dio que pensar.

Líbano sufrió 15 años de guerra civil en su historia relativamente reciente, fue bombardeado en 2006 por más de 30 días consecutivos por su vecino del sur, y está al borde de estar metido en una guerra regional por su vecino del norte. A mí, me hace pensar que se debería evitar una glorificación del ejército. Pero tal vez si eres ciudadano de un país que está alerta a todo momento debido a amenazas tanto internas como externas, se llega a la conclusión opuesta.

Esta compañía Lebraz tiene carteleras en varios lugares de la ciudad. Esta es la cartelera más grande que vi de ellos, pero tienen otras más pequeñas con otros motivos. Además del estereotipo de soldados para niños, hay una línea estereotípica para niñas también, de princesa. (Alimentando la compleja de princesa – otra práctica problemática del labor parental, de la cual nuevamente soy culpable.) Pero me animé cuando, después de un par de días de buscar, vi que Lebraz ofrece un tercer motivo: Superhéroe.

Podríamos hacer buen uso de unos superhéroes hoy en día. ¡Que vengan!

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Pensando en Siria y Comiendo a Tawlet

Estoy pensando mucho en Siria, y no es solamente porque vivo en el Medio Oriente. De los periódicos estadounidenses que leo en línea, y de las llamadas que recibimos de la familia de mi esposo en Italia, veo que hay muchos pensando en Siria en los EEUU y por toda Europa también.

Aquí en Líbano:

Voy al parque…. y hablo con otros papás y mamás sobre Siria.

Salgo de noche a cenar con mi esposo y nuestros amigos…. y hablamos de Siria.

Paso por la casa de una amiga… y con nos esforzamos a evitar el tema de Siria mientras tomamos un café. Pero… la televisión está encendida mientras que damos unos sorbos a nuestro ‘ahwe, y CNN no habla de otro que Siria.

No me alcanza el tiempo para mantenerme al día con todo que hay para leer sobre Siria. (Pero si te interesa el tema y no te molesta leer en inglés, aquí hay una lista – actualizado con regularidad – de artículos recomendados en línea, creado por el periodista Bill Moyer.) Ayer encontré una frase que me resonó, aunque si ya son dos meses desde que se publicó en Foreign Affairs:

Las reglas de Las Vegas no se aplican a Siria: lo que sucede en Siria no se quedará en Siria.” *

Eso ya está claro para los vecinos en Líbano. Con 630,000 refugiados registrados y cientos de miles más Sirianos viviendo sin registrarse en Líbano, ya sabemos que lo que sucede en Siria no se queda en Siria. Con secuestros tras-fronteras – algunos para venganza, otros para el rescate – aumentando, ya sabemos. Con dos coche bombas a Trípoli y una a Beirut el mes pasado, ya sabemos. Y lo que no sabemos, especulamos. Los vecinos en Israel ya están abasteciendo con máscaras antigás, por si un ataque estadounidense podría significar que Siria responde con armas químicas en Israel. Aquí en Líbano nos preocupa que un ataque estadounidense en Siria podría, por ejemplo, resultar en un ataque por el grupo libanés Hezbolá contra Israel, que a su vez seguramente resultaría en un ataque israelí contra Líbano. (La última guerra entre Hezbolá e Israel tomó lugar en 2006, y en tan solo 34 días resultó en 1,191–1,300 muertos libaneses, and 165 muertos israelíes, y otros millón libaneses y 300,000–500,000 israelíes desplazados de sus hogares.) Líbano intenta mantenerse afuera de la ecuación siriana con su política oficial de “disociación” por buenas razones.

Sin embargo…

¿Qué es la vida sin alegría? Nour Malas escribió en el Wall Street Journal que hasta hay un negocio que vende vestidos de novia en el campamento de refugiados Za’atari en Jordania. Las parejas están eligiendo vivir en el momento en lugar de sufrir la incertidumbre enloquecedora, cambiando inercia por acción.

Igual, el domingo yo estuve decidida salir de la jungla de asfalta, y recordarme de la belleza de Líbano. Llevando mi marido, mis hijos, y hasta otra familia, fui al Valle de Beká para probar el restaurante Tawlet Ammiq. Un día para disfrutar un buen almuerzo, una copa de arak, y la compañía de buenos amigos.

Tawlet (que significa mesa en árabe) es un restaurante orgánico operado por la comunidad, en la orilla occidental del Líbano oriental. El menú varía cada fin de semana según lo que las mujeres del pueblo se animan a preparar, de lo cual cocinan mucho en sus casas y traen al restaurante ya listo. Jóvenes de los dos pueblos cercanos te llenan el vaso de agua, limonada, o arak.

La comida fue fantástica – ensaladas de tabbouleh y fattoush, frescas y cítricas; cremas de berenjena, de garbanzo, y de yogurt (mouttabal, hummus y labneh, respectivamente); kibbeh nayyeh (un plato de carne crudo picado); pollo y pescado a la plancha. Había también shish barek (empanaditas de carne en una sopa de yogurt con eneldo), carne con frikke (trigo verde tostado), y mulukhiyah (estofado de pollo con algún tipo de hoja). Para postre, pescas, higos, melón y sandía, galletas al limón, y knafe, un postre árabe de queso dulce cubierto con migas de sémola y jarabe de azúcar.

El paisaje era tan estupendo como la comida. El restaurante ha sido construido en la falda de una montaña salpicada de árboles y ruinas de piedra, cerca de dos pequeñas iglesias. La mayoría de las mesas están al aire libre – algunos sobre grama verde, otros en el porche, todas colocadas para gozar el panorama del valle.


(Si te tienta, los detalles son los siguiente: $40pp por adultos, $20pp por niños, se recomienda reservaciones, tel. 0300-4481. En carro se tarda unos 75 minutos desde Beirut. Si no tienes tiempo por el viaje, hay otro sucursal de Tawlet en el barrio Gemmayze de Beirut, lo cual sirve un almuerzo buffet lunes a sábado por US$30pp.)

El restaurante es un esfuerzo transnacional e interreligioso, modelado en un proyecto de desarrollo en Jordania, su construcción financiada por asistencia suiza. Las cocineras y los meseros son de los pueblos cristianos de Ammiq y Niha, mientras el encargado y su esposa – quien es la jefa de cocina – provienen de un pueblo druso (una rama de Islam) en la reserva de cedros Shouf. Un pequeñísimo rayo de exitosa cooperación y co-existencia en una región asediado por conflicto.


Las montañas en el lado lejano del valle forman la frontera con Siria, menos de 20 kilometros de donde almorzamos. La montaña verde que se directamente arriba de la jarra de agua en la primera foto, y el pueblo encima de las montañas en la segunda foto pertenecen a Siria. Según el encargado del restaurante, bombardeos formaban una parte regular del paisaje auditorio hasta un par de semanas, cuando una facción o la otra (pienso que dijo los rebeldes, pero no puedo decir con certeza) tomó control de un pueblo o una región apenas en el otro lado de las montañas. Me pregunté si el ruido del bombardeo en las distancia afectó los apetitos de los que venían a comer a Tawlet durante aquellos fines de semana anteriores. Escuchamos lo que posiblemente eran tiros en la distancia a un cierto momento – lo cual en Líbano podría significar que escuchábamos cualquier cosa desde una celebración de un cumpleaños o un discurso político, hasta bombardeos en Siria – y nos pusimos tensos mientras esperábamos para ver si los ruidos continuaban, relajando solo cuando no volvimos a escucharlos.

Así que comimos y nos reímos más, continuando, como siempre hace la humanidad, a pesar de los tiempos difíciles.

*    *    *

Naturalmente, la vida puede cambiarse en un instante, y hasta mientras yo escribía esta entrada, escuché las noticias sobre la evolución reciente de la situación: puede que se evitará un ataque de parte de los estadounidenses si las armas químicas sirianas se dan a la Rusia.

Puede ser que el indulto sea temporánea, pero aquí en Líbano nos lucimos al juego de esperar. Por ahora, se siente como Líbano ha respirado un suspiro colectivo de alivio.

*Para los que no conocen, “Lo que sucede a Vegas se queda a Vegas” es el lema popular que la Ciudad del Pecado (Las Vegas) empezó a utilizar para promocionarse hace unos años. Interesantemente, durante la búsqueda para el link al artículo de Foreign Affairs, encontré otro artículo con casi la misma frase, también del mes de julio, pero publicado en la revista New Statesman,– con crédito al exdirector de planificación de políticas al Departamento del Estado de los EEUU Dennis Ross. No sé quién lo dijo primero, pero es innegable que tenían toda la razón.

Inesperado

Antes de llegar a Líbano el mayo pasado, tuve poca experiencia en el Medio Oriente. Viajes de negocio por un trabajo después de la universidad me dieron unos días en Dubai, Cairo y Bahrain hace años y años. El resto de lo que sabía de la región vino de las noticias. No sabía qué esperar al llegar. Llevo ahora nueve meses, y han habido bastante sorpresas.

No esperé:

  • Que al dejar mi hijo para jugar con un amigo en un barrio musulmán, la joven mamá del otro niño me saludaría vestida con pantalones ajustados y una camiseta escotada y sin mangas. Más sorprendente aun cuando emergió su mamá (la abuela) vestida con la tradicional abaya
    negra.
  • Que mis amigos musulmanes me desearían una feliz navidad, y que las decoraciones navideñas estarían por las calles hasta la tercera semana de enero.
  • Que la seguridad en la calle sería mejor aquí que en varias ciudades de los EEUU, con una tasa de homicidio menor de las tasas a Nueva York o Seattle, por ejemplo.
  • Que la “pizza libanesa” que se vende a Pizza Hut llevaría jamón, cuando quizás la mitad de la población (los musulmanes) no comen chancho.
  • Que no solamente se permite alcohol, pero hasta hay viñedos, y vino local bastante decente.
  • Que yo aprendería esquiar viviendo al Medio Oriente.


La estación de esquí más cercano queda a tan solo una hora de Beirut, y a la primera nieve, grupos de todo tipo de persona, desde jóvenes en jeanes hasta mujeres mayores con botas de tacón (ninguno con un atuendo adecuado para la nieve, pero todos con mucho entusiasmo) toman buses colectivos hasta las faldas de las montañas, y se sientan en la nieve alrededor de pipas de shisha, como si fueran fogatas por la playa, tocando el derbake, o tambor de tablah, y algunos tomando directamente de sus botellas de vino libanés y whisky Johnny Walker, bajando por turno las cuestas de nieve en trineo.


Los que tienen los $45 para el pase de esquiar y los $15 para alquilar el equipo (y otro US$35 a la hora si desean una lección) pueden esquiar, y la nieve puede ser asediada.

Hay otros, por supuesto, que vienen para la famosa vida “après-ski.” Aquí hay el vestíbulo estilo “lodge” del hotel Intercontinental, un domingo en la noche. Los sábados, las mesas se llenan con hombres musculosos y mujeres en tacones. En lugar de suéteres calentitos estilo-noruego, los hombres llevan camisas oscuras de marca Armani, y las mujeres camisetas con lentejuelas y sin mangas. El Intercon se prepara para ellos—cuando fuimos nosotros, hacía tipo 25 grados (85 F) adentro. Me quité mi suéter de lana, y los niños pidieron helados en lugar de chocolate caliente.

Antes del enero, me confundía cuando personas me dijeron que Líbano se conocía como “La Suiza del Medio Oriente.” ¿Qué podría significar? No ha sido exactamente un rayo de paz como la Suiza. Yo me recordaba, más bien, haber escuchado que se conocía como el “París del Medio Oriente,” y viendo los toques europeos a la arquitectura, el aire cosmopolita, y los cientos de miles de libaneses que hablan el francés tan fluido como el árabe, me lo imaginaba fácilmente.

Ahora sí entiendo la referencia a la Suiza. Según Wikipedia, “el esquí se introdujo a Líbano en el 1913 cuando Ramez Ghazzoui, un ingeniero libanés, regresó de sus estudios a Suiza e introdujo sus amigos al deporte en las montañas cerca [el pueblo de] Aley a Mt. Líbano.”

Hace falta que se calienta (bastante) antes de que yo pueda probar el cliché de esquiar en las montañas por la mañana, y nadar por el mar en la tarde. Por ahora, logremos esquiar un día, y montar bicicletas bajo el sol a la orilla del mar el día siguiente. Nada mal, nada mal.

El Juego de Esperar

Esto ya he hecho. Pasado días en casa, mantenido un bajo perfil, circulado solo dentro los confines de mi barrio. Claro, en el barrio residencial de Tegucigalpa, Honduras, dónde viví por los últimos cinco años, nunca tuve que preocuparme que algo podría suceder durante tiempos inseguros si me mantuve dentro la casa. A menudo las manifestaciones pasaron pocas cuadras de mi calle, en un bulevar principal, tan cerca que pude escuchar la música y las consignas, pero siempre sabía que no iban a entrar a nuestro barrio. La coche bomba a Beirut el viernes pasado era espeluznante, a un nivel que no he experimentado antes, pero sí sé cómo mantener un bajo perfil.

También he hecho acopio de reservas antes. En Honduras, no me preocupaba tanto las ramificaciones cotidianas de manifestaciones políticas (de lo cual habían bastante), tanto como los efectos de desastres naturales. Aunque el Huracán Mitch del 1998 puede ser una memoria lejana para nosotros a quien no nos afectó, más de 7,000 hondureños perdieron la vida, y otros 33,000 perdieron la casa, con millones más afectados por la falta de agua, electricidad, etcétera. Y eso duró semanas. Al llegar a Honduras, aconsejaron a mi familia que mantuviéramos reservas suficientes para seis semanas de cosas necesarias – leche en caja, agua embotellada, comida en latas, papel higiénico, por si acaso un desastre de aquella magnitud volviera a pasar. Y aunque reservas de seis semanas eran más que jamás llegamos a usar, eran bien útiles en el 2009 cuando destituyeron a Mel Zelaya de la presidencia y hubo varios toques de queda en las semanas siguientes, y todos estuvimos confinados dentro nuestras casas.

Así que la rutina de los últimos días no es nueva para mí – pasar el día en casa, saliendo solo a negocios y restaurantes cercanas (porque salir a almorzar puede parecer un “movimiento necesario” cuando tienes dos pequeños atrapados en un apartamento todo el día). Y como creyente fiel de la filosofía “espera lo mejor, pero prepara para lo peor,” fui al supermercado ayer para comprar unas cosas, asegurando que tenemos suficiente reservas de comida para unos días, incluso cosas que se puede comer hasta si no hoy agua ni electricidad. Leche de larga vida, una caja extra de corn flakes, atún y vegetales enlatados, y unas botellas de agua de 20 litros.

Era común a Honduras ver gente comprando reservas como locos, simplemente porque no se sabía si tus productos favoritos estarían en la tienda en tu próxima visita. Pero con la vida de apartamentos y espacios pequeños a Beirut, no creo que sea tan común. Vi algunas señoras a quien crecieron los ojos cuando vieron mi carrito lleno. ¿Era así de obvio que estuve comprando reservas? ¿Cómo se dieron cuenta? Solo había cuatro latas de atún y dos de chicharros, y ¿quién sabría que yo iba a colocar la caja de corn flakes en el armario de un dormitorio y no en la cocina? Mis reservas eran solo lo suficiente para unos pocos días. ¿Parecía una loca?

Ah, espera un segundo. También habían dos enormes calabazas, de diez kilos cada uno en mi carrito.

La calabaza es una cosecha local a Líbano, normalmente cocido en un jarabe dulce y servido como postre.

Como quizás adivinarías, yo llevaba una calabaza para cada uno de mis niños para cortar para Halloween. ¿Esas mujeres en el super que no paraban de mirar? No me pensaban loca por mis compras de reservas. Me pensaban loca por la cantidad de calabaza que imaginaban que yo iba a comer.

Los niños están de nuevo en la escuela hoy, y mi esquina de Beirut ha estado tranquila desde el viernes. Junta con cada persona con quien he hablado en Líbano, estoy esperando y rezando que las cosas no empeoran. Pero si necesitáramos quedar unos días más en casa, estoy lista ahora. Nos mantendremos ocupados comiendo corn flakes y tallando calabazas.

Hay Calor a Beirut

Las temperaturas han estado suspensos arriba de treinta grados todo el verano a Beirut, y no se refresca mucho en las noches. Pero no son las temperaturas altas del termómetro que tienen preocupada a mí (y a todo el mundo), sino el calor que viene de Siria. Los libaneses han trabajado duro para mantener lejos a los fuegos sirianos, pero las temperaturas subieron esta semana con las muertes presuntas de cuatro rehenes en Siria.

Once hombres libaneses fueron secuestrados en Siria a los finales de mayo, musulmanes chiitas, raptados por el grupo rebelde Ejército Libre de Siria, el principal grupo armado de oposición en la guerra civil de Siria. Los secuestros ocurrieron pocos días después de mi llegada a Líbano, pero mi incipiente conocimiento de la política del Medio Oriente no era lo suficiente para clarificar los “por qués” y los “ahora qués.” La política es universalmente laberíntica, y a pesar de lo que he logrado leer sobre la política del Medio Oriente en los últimos tres meses, todavía estoy al comienzo del laberinto. Hasta los reportajes noticieras de esta semana han sido poco claros, con los del final de la semana indicando que los rehenes no se habían muertos después de todo.

Pero antes de que se pudiera confirmar o desmentir las muertes, demonstraciones y protestas ya habían estallado a Beirut. Luego un clan chiita en Líbano aseguraron de haber secuestrado unos veinte sirianos, en respuesta al secuestro de uno de ellos dentro Siria. El miércoles, Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, todos países ricos con élite que toma vacaciones veránales en el relativamente más fresco y definitivamente más liberal Líbano, instaron a su gente que regresaron a sus países. Lo que entiendo es que este clan chiita responsabiliza a Arabia Saudita, Qatar y Turquía por los secuestros de los miembros de su clan, debido al apoyo que esos países dan a los rebeldes.

Sería una subestimación decir que fue una semana difícil a Líbano.

Las recomendaciones de seguridad son quedar en casa. Tengo experiencia con eso. En Ecuador en 2005, cuando quitaron la presidencia de Lucío Gutiérrez después de una semana de demonstraciones publicas masivas, me quedé principalmente en mi barrio, aunque sí fui al centro comercial que quedaba a cinco minutos de mi casa a la orilla de la ciudad. En Honduras en 2009, cuando los militares sacaron Presidente Manuel Zelaya del poder y del país, se impuso un toque de queda a todo el país que a veces duraba todo el día. Logramos comer a veces con nuestros amigos que vivieron en frente, como no se molestaron al correr de la casa suya hasta la nuestra para ver una cara amigable y partir pan juntos. Es un limbo extraño en que vivir, con tareas ordinarias como cocinar y limpiar y cuidar los niños exigiendo los esfuerzos de siempre. La tensión es alta (o hasta astronómica), pero la vida continua, aunque puede ser que las únicas personas a quien ves son los que viven al par, o quizás solo los que se encuentran dentro tus cuatro paredes.

Así que confieso, no me dejé amedrentar cuando las tensiones subieron apenas llegamos a Líbano debido a los secuestros. Había personas que quedaban a casa, y más grande periódico libanés en inglés, The Daily Star, daba recomendaciones de cómo pasar el tiempo en casa. Incluyeron lavar la ropa delicada, y instrucciones de cómo hacer tu propio juego de Scrabble (primero pasando el tiempo creando los cuadraditos con las letras, recortándolos, y luego jugando – tomaría horas). Las sugerencias me parecieron absurdas, pero quizás no más que la reunión-con-amigos-en-el-barrio-para-una-barbacoa que hicimos durante los momentos difíciles a Tegucigalpa. Buscando normalidad bajo coacción. ¿Quién soy yo para criticar las ideas del artículo? Los libaneses han hecho un arte de destrezas de sobrevivencia.

Cuando supe que trasladaba desde Honduras hasta Líbano, la gente agotó ese cliché que habla de salir del sartén para el fuego. Aunque Honduras es un país bello para visitar, hay bastante delincuencia en las calles de las ciudades grandes, y yo vivía en una de ellas. Hasta esta semana, Beirut me pareció mucho mas seguro que Tegucigalpa. A Beirut, puedo manejar con los vidrios abiertos sin temer que me roban el carro. Puedo caminar por la calle sin temer que me roban el celular o la cartera.

Hay calor esta semana, y lo he experimentado. Pero, mis amigos se alegrarán saber que, no he estado experimentando el calor de Beirut. Ha sido el calor de sol siciliano, donde estoy visitando mi suegra y relajando por la playa. No es un mal momento estar lejos de las chispas del fuego.

Estamos a los mediados de agosto, y en Sicilia, Líbano, Siria, y por todo el Mediterráneo, todavía faltan, como decimos en inglés, días perros del verano. Según en Internet, el término “días de perro” viene de observadores antiguos de estos lugares, de países que bordan el Mediterráneo, donde los días más calientes del año coinciden con las semanas antes y después de la conjunción de Sirio, la estrella de perro, y el sol.

Me parece que el calor en Siria durará mucho más que el calor de los días de perro. Por mucho que quisiera poder influir los problemas en Siria, no hay mucho que puedo hacer. Pero todavía puedo juntarme en una cosa con la gente regular que se ha sido afectado en Siria, en Líbano, y por todo la región. Puedo compartir la esperanza que el fuego en Siria se apaga.

 


Gente local de Beirut encuentra maneras para escapar el calor del verano.

Amor y Matrimonio

Love and marriage, love and marriage
Go together like a horse and carriage
This I tell you brother
You can’t have one without the other

  • “Love and Marriage” by Frank Sinatra

    Amor y Matrimonio
    Se complementan como un caballo y un carruaje
    Te lo digo hermano
    No se puede tener uno sin el otro

    Hasta ahora no conozco una canción de Frank Sinatra que no me gusta. Pero debo discrepar con esta clásica. Como sabemos, en tantos (¿o en la mayoría de?) lugares del mundo, es sin duda posible sentir amor, desear casarse, y no poder hacerlo.

    Caso ilustrativo: el Estado de Washington. Cuando estuve en mi pueblo natal de Seattle el mes pasado, la campaña para el Referéndum 74 era – parecido al amor mismo – apasionada. En Febrero del año actual, la legislatura del Estado de Washington aprobó matrimonio para parejas del mismo sexo. El Referéndum 74 fue propuesto por los que desean rechazar esa ley, y la población de Washington se votará sobre el asunto en noviembre. Los que luchan para mantener la nueva ley tienen mucho apoyo en Seattle, incluyendo una donación de US$2.5 millón at final de julio de parte de Jeff Bezos — fundador de Amazon.com y nativo de Seattle — y su esposa MacKenzie. Washington era entre los primeros estados en derogar sus leyes en contra de matrimonio interracial (los derogó en 1868, antes de ser un estado, cuando era territorio de los pioneros), así parece apropiado que sea entre los pioneros de matrimonio para parejas del mismo sexo. Veremos en noviembre si amor y matrimonio se complementan como el caballo y el carruaje para los conductores del mismo sexo.

    El matrimonio es un tema candente en Líbano también.

    Hasta antes de irme de Honduras, yo estaba en contacto de una amiga de un amigo a Beirut, quien me escribía con excelentes consejos para la mudanza. En uno de sus correos electrónicos, la amiga notó que otra persona que había escuchado sobre la próxima llegada de mi esposo y yo a Líbano le había preguntado: “¿Cómo así un italiano católico se ha casado con una americana protestante?!”

    ¿Qué? Nuestras propias familias (y el pastor quien nos casó) habían apoyado nuestro matrimonio interreligioso. Pienso que a nadie más le había importado. Para ser honesta, no entendía por qué debería importar a alguien más.

    El correo continuó: “Me reía y la contesté diciendo, ‘Igual como un italiano católico se casó con una libanesa protestante.” (El caso de esta amiga libanesa.)

    ¿De dónde vino esa pregunta? De un sentimiento anti-católico? ¿Un sentimiento anti-protestante? ¿Un sentimiento ultra-religioso? Suponía que me daría cuenta al llegar a Líbano.

    Cuando llegué a Beirut, compré una copia de una revista que considero ser el guía indispensable de cualquier ciudad donde se publica: Time Out. Abriéndola, vi un anuncio de dos páginas para “matrimonio civil a Chipre,” US$1,900 por pareja. Dos días y una noche en Chipre, incluyendo los vuelos, una noche en un hotel de cinco estrellas, traducción de documentos, testigos para el matrimonio, y un ramo de flores para la novia. Sólo veinte minutos en avión de Beirut, parece que es posible hasta hacerlo todo en un solo día, para los a quien falta tiempo o dinero.

    ¿Por qué Chipre? Es cierto es queda cerca y tiene playas que son dignas de una luna de miel. Pero, ¿por qué las bodas de destino merecían un anuncio así de grande? Y para matrimonios civiles. (Parece que la explicación de sentimientos ultra-religiosos no era la correcta.)

    Evidentemente, para aspirantes a matrimonio quienes no comparten la misma religión, es Chipre o nada.

    Resulta que el matrimonio civil no existe a Líbano. Todos matrimonios se contratan bajo una autoridad religiosa. Con solo un par de excepciones*, se requiere conversión religiosa si los novios no provienen de la misma comunidad religiosa, de lo cual hay 18 en Líbano. Con tu religión indicada en tu pasaporte, no hay posibilidad tampoco de engañar él que oficia la boda. Ya vi la pregunta “¿Cómo así un italiano católico se ha casado con una americana protestante?!” de otro punto de vista. Más que “cómo así?” era una pregunta verdadera de “¿cómo?”

    “Fui a mi iglesia para ver si mi novio y yo podríamos casarnos aquí [en Líbano],” me contó la corredora de bienes raíces. Una mujer cristiana que quería casarse con un hombre cristiano, pero uno que nació y creció en otro país. “Me dijeron que tuvimos que obtener una copia de su certificado de bautismo. Decidimos que sería más fácil casarnos en el extranjero.”

    Aunque el matrimonio civil no existe dentro del Líbano, desde 1936 se ha reconocido legalmente los matrimonios civiles contratados en el extranjero. Además, las parejas que se casan con una boda civil en el extranjero pueden divorciarse con una tribunal civil de Líbano, bajo la ley del país donde la pareja se casó – una vuelta que puede ahorrar miles de dólares, y dar resultados más equitativos no solo para los procedimientos del divorcio, sino también para custodio de los hijos, dado que los divorcios religiosos en Líbano normalmente favorecen en alto grado al padre.

    En el caso de mi corredora de bienes raíces, ella y su novio se fueron a Australia para casarse. Con su ubicación cercana y facilidad de papeleo, Chipre está aumentando en popularidad. Según la Embajada de Chipre a Beirut, unas 800 parejas libanesas llegaron a Chipre en 2011 con el propósito de casarse. Al final parece que sí hay un modo para que más libaneses enganchen su caballo al carruaje.

    aunque las normas sobre matrimonio cambian de lugar a lugar, el deseo tomar una linda foto de recordatorio es universal. Aquí, los Baños Romanos a Beirut son de los lugares más populares para tomar esa foto para parejas Beirutis.


    *Los hombres musulmanes pueden casarse con mujeres cristianas o judías, y los hombres Cristianos Maronitas pueden casarse con mujeres musulmanas. Los niños automáticamente pertenecen a la religión de su papá.

Nota Breve

Aterricé en Beirut hace dos noches, después de una visita a mi pueblo natal, Seattle. Según en anuncio del piloto, hacía 29 grados Celsius (84 F), a pesar de ser casi las 11 de la noche. Cuando salimos del aeropuerto para el estacionamiento, el aire caliente y bochornoso nos envolvió. Un cambio dramático de los altos de temperatura de unos 18 grados Celsius (65 F) que habíamos experimentado en Seattle.

Cuando llegamos al hotel, mi esposo comentó que el estacionamiento (y el hotel) habían estado llenísimo durante el fin de semana, con gente de Siria. Ya era lunes, y él pensaba que los sirianos se habían regresado a Damasco, que queda apenas dos horas de Beirut en carro. Es difícil imaginar que mientras los Beirutis van a la playa por el fin de semana para una tregua del calor veranal, los Sirianos vienen a Beirut por el fin de semana para una tregua de la guerra civil.

Si hasta Beirut y Damasco pueden sentir mundos aparte, imagínate cuánto lejos se siente Beirut desde Seattle. Pero aun así, regresando a nuestra nuevo hogar en Beirut (aunque ese hogar sea todavía un apartamento del hotel), sentía como habíamos regresado a hogar, dulce hogar.