Los Sirianos Proporcionan Asistencia a los Refugiados Libaneses: Una Contra-narrativa

Te perdona si pensabas que mi titular tenía que haber sido “Los Libaneses Proporcionan Asistencia a los Refugiados Sirianos.” ¿Quiénes son los refugiados libaneses?

No aparecen en las noticias sobre la crisis en Siria. De hecho, los que conocí técnicamente no son refugiados. Pero hay cientos de familias libaneses que vivían en Siria antes de la guerra, algunos por generaciones, quienes unieron con sus vecinos para huir sus casas y la violencia envolvente e irse a Líbano, esperando un buen puerto. Esto es lo que consiguieron:

Aunque la historia que deseo contar está atrasada, no la puedo dejar sin contar. Es una “contra-narrativa” – una historia que no se toma la misma posición como la corriente principal, sino en contra, o al lado, o detrás. Es la clase de historia que a veces se ahoga por el griterío de los titulares sobre los refugiados sirianos en Líbano que ocupan de ayuda, toman trabajos, o incitan a violencia.

Recientemente un par de amigos míos me han inspirado a pensar más en contra-narrativas. Cineasta Gregory Berger crea sátiras que examinan asuntos desde el virus H1N1 hasta fracking, y actualmente está produciendo una película que pone un ojo crítico a la manera que los medios han cubierto las dificultades de los migrante centroamericanos en México. Periodista Sharmine Narwani se especializa en contra-narrativas sobre la política del Medio Oriente, y aunque nuestras opiniones divergen con frecuencia, siempre aprecio que me comparte su perspectiva. Ella me inspira cuestionar más y pensar con más profundidad sobre mi propio punto de vista.

Sin importar si se base en los medios de comunicación o en la cultura popular, las contra-narrativas tiene el poder para ampliar nuestras perspectivas. La película Maléfica reimagina el cuento clásico de la Bella Durmiente desde el punto de vista de la hada malvada quien echó una maldición sobre la Princesa Aurora. Aprecié que la película dio la oportunidad a comprender la complejidad de los motivos de Maléfica, y a descubrir una definición fresca del “amor verdadero.” Una narrativa tradicional está volcada y una historia paralela revelada.

Las contra-narrativas también tienen el poder a sacarnos de nuestra zona de comodidad. La foto desgarradora de Fabienne Cherisma, una jóven haitana matada por accidente en el caos pos-terremoto, se queda en mi mente debido a su contra-narrativa inolvidable – un imagen que captó los fotógrafos que se arremolinaron a su alrededor.

Historias detrás, o debajo, o al par de la historia principal. Coexistiendo, cruzando, o la cara y cruz de la misma moneda. La historia que les quiero compartir también es imprevisto.

Al principio de mayo asistí una distribución de ayuda alimentaria en el pueblo de Arsal, en el noreste de Líbano, cerca de la frontera con Siria. Estuve orgullosa de haber ayudado a recolectar y empacar la comida, gracias al Día Global de Servicio de Boston University y a los amigos y parientes en Beirut y por todo el globo quienes donaron para proveer insumos. Juntos con la ONG local foodblessed, preparamos 130 cajas, cada uno con insumos para 100 comidas más algunos artículos de higiene básico. A través de su trabajo con Lebanese 4 Syrian Refugees, quienes por su parte trabajan con la organización Shabaab il Oumma (Jóvenes para el Pueblo) para identificar un subgrupo especial de familias necesitadas: refugiados libaneses.

Como los sirianos, estas familias fueran forzadas por la violencia abandonar sus hogares, posesiones y trabajos en Siria. Pero siendo libaneses por nacionalidad, estaban huyendo a su patria, no de ella. Y por eso no califican por asistencia de ACNUR (la Agencia de la ONU para los Refugiados). Como libaneses, estas familias tenían que dirigirse al “Higher Relief Council,” un departamento del gobierno libanés que sufre escándalos de corrupción. No hubo respuesta. Asi que Shabaab il Oumma decidió apoyarlas.

Los representantes de Shabaab il Oumma habían organizado los beneficiarios, invitando a las familias registrarse con anticipación por asistencia. Cada familia recibió una tarjetita que sería recogido en cambio por la ayuda alimentaria. Dos hombres jóvenes con SiO – uno callado y sereno, el otro gregario y sonriente – se ocuparon del trabajo pesado de levantar las cajas de comida. El resto del grupo de voluntarios de SiO eran mujeres jóvenes, adolescentes entre 15 y 18. Todos los voluntarios eran refugiados sirianos.

Las adolescentes pasaban por turnos a la cabeza de la fila de “refugiados” libaneses, recogiendo las tarjetitas con cuidado, verificando los datos contra su lista de registración, y entonces llevando a cabo cada distribución. Los beneficiarios tenían paciencia mientras esperaban su turno con calma. Cuando cualquier siriano llegó para ver lo que se distribuía, las chicas explicaron con cortesía que esta distribución estaba destinado solamente a los libaneses, y los negados se fueron sin rencor.

Muchos de los beneficiarios ya llevaban dos años en Líbano. Nos contaron que nuestra asistencia fue la primera que habían recibido.

Cada una de las jóvenes tenía su propia historia para contar, de educaciones blocados, de padres con trabajos matadores en las canteras de granito donde se paga un escaso 10,000 lira (US$6) por día. Contaron de profesores locales que pidieron sobornos para permitir que los sirianos asistieron sus clases – sobornos que las adolescentes no pueden alcanzar.

“Mis sueños están rotos,” me contó una de las chicas.

Pero no se mostraron amargura o rabia, sino determinación. Una de las jóvenes se ha mantenido contacto conmigo, y me dice que ellas han organizado una escuela para proporcionar una educación a los más pequeños. Me cuenta que se han asustado mucho por los bombardeos que Arsal sufrió durante agosto, pero que no se rinden.

Estos sirianos se han perdido todo y viven en una situación muy precaria y escalofriante, pero al dar la vuelta, ofrecen una mano a los demás. Es cierto que sirianos en Líbano están poniendo mucha presión en los recursos del país, y trágicamente es cierto que hay sirianos en Líbano vinculados con violencia acá. Pero es igual de cierto que hay sirianos en Líbano, y muchos, que se dedican a apoyar los que ven con necesidades, sin discriminar.

Refugiados sirianos apoyan libaneses necesitados.

Lo que más aprecio sobre las contra-narrativas es que nos recuerdan que nadie tiene un monopolio en la verdad. Esta fue una historia que se tenía que contar.

 

Anuncios

Contando Bendiciones (en lugar de Ovejas)

When I’m worried and I can’t sleep / I count my blessings instead of sheep

And I fall asleep / Counting my blessings

Irving Berlin (cantado por Bing Crosby)

(Cuando tengo preocupaciones y no puedo dormir, conto mis bendiciones en lugar de ovejas, y me quedo dormido, contando mis bendiciones….)

Coche bombas en el este de Líbano, guerras por las calles de Trípoli, un millón de refugiados en un país de cuatro millones. Con todo lo que está ocurriendo aquí en Líbano y en la región, contando las bendiciones de uno de repente se hace muy fácil.

¿La familia intacta? Sí. ¿Un techo sobre mi cabeza? Sí. ¿Una buena escuela para mis hijos? Sí. ¿Asistencia médica adecuada? Sí. ¿Suficiente comida para todos? Una abundancia para decir la verdad.

Estoy bendecida con familia/albergue/educación/salud/comida.

Apropiado entonces, que comparto algo de la abundancia con la iniciativa que alivia hambre en Líbano, foodblessed (“bendecidos con comida”).

Escuché de foodblessed por la primera vez la primavera pasada, cuando la escuela de mis hijos organizó una colecta de comida para su beneficio. Foodblessed trabaja en varias maneras para apoya familias e individuos hambrientos:

  • Comedores de beneficencia a Beirut que proveen almuerzos
  • Entrega de comida a pacientes con SIDA confinados a casa
  • Entrega de cajas de comida a refugiados sirianos y libaneses vulnerables

La organización se opera totalmente a base de voluntarios, y cuando hicieron una llamada para más voluntarios al principio de este año, decidí juntarme con ellos a uno de los comedores cerca de mi casa. Cada jueves sirvo arroz con guisado (o spaghetti con salsa boloñesa, o platos tradicionales libaneses como el kibbe) a entre 25 y 40 personas. Otra voluntaria les sirve ensalada, otro les da el postre, y una de las monjas de la iglesia que presta el espacio para el almuerzo da cada uno su pan y cubiertos.



Me alegro dar una hora y media de mi tiempo cada semana. Como es típico cuando uno se ofrece como voluntario, obtengo mucho más de lo que doy. Obtengo la oportunidad a practicar mi árabe, a conocer muchas personas (tanto clientes como co-voluntarios) que sin esta actividad no habría conocido, y a sentir que estoy haciendo algo, pequeña que sea, en la cara del crisis que sigue aumentando para la gente necesitada en Líbano.

El 12 de abril es “Día Mundial de Servicio”, y mi alma mater, Boston University, se anima a sus graduados participar en un evento de servicio durante el mes de abril. No han habido eventos organizados en ningún lugar que he vivido durante la última década, así que este año decidí tomar las riendas y ofrecí ser la organizadora del evento de servicio a Líbano. Ahora estoy en medio de una colecta de comida, y en el 5 de abril, me juntaré con otros graduados de BU, nuestros familias y amigos, para empaquetar “cajas de despensa” para familias e individuos hambrientos. Cada caja contiene suficiente insumos para preparar 100 comidas.

Tal vez ya has visto uno de mis llamamientos a Facebook, y perdóname si me estoy repitiendo. Pero quise compartir un poco más sobre lo que estoy haciendo, y mis razones por hacerlo. Y si esta instalación de mi blog te hace pensar en tus propias bendiciones, toma un momento para contarlas.

Si encuentras que las tengas en abundancia, tal vez puedes considerar compartiendo una:

http://www.volunteerforever.com/volunteer_profile/amy-robertson

 




En febrero foodblessed entregó 50 cajas de comida a refugiados afuera del pueblo de Arsal en Líbano del noreste, una tierra de nadie donde las agencias internacionales no logran entrar.

Créditos de foto: Ruth Moucharafieh

Pensando en Siria y Comiendo a Tawlet

Estoy pensando mucho en Siria, y no es solamente porque vivo en el Medio Oriente. De los periódicos estadounidenses que leo en línea, y de las llamadas que recibimos de la familia de mi esposo en Italia, veo que hay muchos pensando en Siria en los EEUU y por toda Europa también.

Aquí en Líbano:

Voy al parque…. y hablo con otros papás y mamás sobre Siria.

Salgo de noche a cenar con mi esposo y nuestros amigos…. y hablamos de Siria.

Paso por la casa de una amiga… y con nos esforzamos a evitar el tema de Siria mientras tomamos un café. Pero… la televisión está encendida mientras que damos unos sorbos a nuestro ‘ahwe, y CNN no habla de otro que Siria.

No me alcanza el tiempo para mantenerme al día con todo que hay para leer sobre Siria. (Pero si te interesa el tema y no te molesta leer en inglés, aquí hay una lista – actualizado con regularidad – de artículos recomendados en línea, creado por el periodista Bill Moyer.) Ayer encontré una frase que me resonó, aunque si ya son dos meses desde que se publicó en Foreign Affairs:

Las reglas de Las Vegas no se aplican a Siria: lo que sucede en Siria no se quedará en Siria.” *

Eso ya está claro para los vecinos en Líbano. Con 630,000 refugiados registrados y cientos de miles más Sirianos viviendo sin registrarse en Líbano, ya sabemos que lo que sucede en Siria no se queda en Siria. Con secuestros tras-fronteras – algunos para venganza, otros para el rescate – aumentando, ya sabemos. Con dos coche bombas a Trípoli y una a Beirut el mes pasado, ya sabemos. Y lo que no sabemos, especulamos. Los vecinos en Israel ya están abasteciendo con máscaras antigás, por si un ataque estadounidense podría significar que Siria responde con armas químicas en Israel. Aquí en Líbano nos preocupa que un ataque estadounidense en Siria podría, por ejemplo, resultar en un ataque por el grupo libanés Hezbolá contra Israel, que a su vez seguramente resultaría en un ataque israelí contra Líbano. (La última guerra entre Hezbolá e Israel tomó lugar en 2006, y en tan solo 34 días resultó en 1,191–1,300 muertos libaneses, and 165 muertos israelíes, y otros millón libaneses y 300,000–500,000 israelíes desplazados de sus hogares.) Líbano intenta mantenerse afuera de la ecuación siriana con su política oficial de “disociación” por buenas razones.

Sin embargo…

¿Qué es la vida sin alegría? Nour Malas escribió en el Wall Street Journal que hasta hay un negocio que vende vestidos de novia en el campamento de refugiados Za’atari en Jordania. Las parejas están eligiendo vivir en el momento en lugar de sufrir la incertidumbre enloquecedora, cambiando inercia por acción.

Igual, el domingo yo estuve decidida salir de la jungla de asfalta, y recordarme de la belleza de Líbano. Llevando mi marido, mis hijos, y hasta otra familia, fui al Valle de Beká para probar el restaurante Tawlet Ammiq. Un día para disfrutar un buen almuerzo, una copa de arak, y la compañía de buenos amigos.

Tawlet (que significa mesa en árabe) es un restaurante orgánico operado por la comunidad, en la orilla occidental del Líbano oriental. El menú varía cada fin de semana según lo que las mujeres del pueblo se animan a preparar, de lo cual cocinan mucho en sus casas y traen al restaurante ya listo. Jóvenes de los dos pueblos cercanos te llenan el vaso de agua, limonada, o arak.

La comida fue fantástica – ensaladas de tabbouleh y fattoush, frescas y cítricas; cremas de berenjena, de garbanzo, y de yogurt (mouttabal, hummus y labneh, respectivamente); kibbeh nayyeh (un plato de carne crudo picado); pollo y pescado a la plancha. Había también shish barek (empanaditas de carne en una sopa de yogurt con eneldo), carne con frikke (trigo verde tostado), y mulukhiyah (estofado de pollo con algún tipo de hoja). Para postre, pescas, higos, melón y sandía, galletas al limón, y knafe, un postre árabe de queso dulce cubierto con migas de sémola y jarabe de azúcar.

El paisaje era tan estupendo como la comida. El restaurante ha sido construido en la falda de una montaña salpicada de árboles y ruinas de piedra, cerca de dos pequeñas iglesias. La mayoría de las mesas están al aire libre – algunos sobre grama verde, otros en el porche, todas colocadas para gozar el panorama del valle.


(Si te tienta, los detalles son los siguiente: $40pp por adultos, $20pp por niños, se recomienda reservaciones, tel. 0300-4481. En carro se tarda unos 75 minutos desde Beirut. Si no tienes tiempo por el viaje, hay otro sucursal de Tawlet en el barrio Gemmayze de Beirut, lo cual sirve un almuerzo buffet lunes a sábado por US$30pp.)

El restaurante es un esfuerzo transnacional e interreligioso, modelado en un proyecto de desarrollo en Jordania, su construcción financiada por asistencia suiza. Las cocineras y los meseros son de los pueblos cristianos de Ammiq y Niha, mientras el encargado y su esposa – quien es la jefa de cocina – provienen de un pueblo druso (una rama de Islam) en la reserva de cedros Shouf. Un pequeñísimo rayo de exitosa cooperación y co-existencia en una región asediado por conflicto.


Las montañas en el lado lejano del valle forman la frontera con Siria, menos de 20 kilometros de donde almorzamos. La montaña verde que se directamente arriba de la jarra de agua en la primera foto, y el pueblo encima de las montañas en la segunda foto pertenecen a Siria. Según el encargado del restaurante, bombardeos formaban una parte regular del paisaje auditorio hasta un par de semanas, cuando una facción o la otra (pienso que dijo los rebeldes, pero no puedo decir con certeza) tomó control de un pueblo o una región apenas en el otro lado de las montañas. Me pregunté si el ruido del bombardeo en las distancia afectó los apetitos de los que venían a comer a Tawlet durante aquellos fines de semana anteriores. Escuchamos lo que posiblemente eran tiros en la distancia a un cierto momento – lo cual en Líbano podría significar que escuchábamos cualquier cosa desde una celebración de un cumpleaños o un discurso político, hasta bombardeos en Siria – y nos pusimos tensos mientras esperábamos para ver si los ruidos continuaban, relajando solo cuando no volvimos a escucharlos.

Así que comimos y nos reímos más, continuando, como siempre hace la humanidad, a pesar de los tiempos difíciles.

*    *    *

Naturalmente, la vida puede cambiarse en un instante, y hasta mientras yo escribía esta entrada, escuché las noticias sobre la evolución reciente de la situación: puede que se evitará un ataque de parte de los estadounidenses si las armas químicas sirianas se dan a la Rusia.

Puede ser que el indulto sea temporánea, pero aquí en Líbano nos lucimos al juego de esperar. Por ahora, se siente como Líbano ha respirado un suspiro colectivo de alivio.

*Para los que no conocen, “Lo que sucede a Vegas se queda a Vegas” es el lema popular que la Ciudad del Pecado (Las Vegas) empezó a utilizar para promocionarse hace unos años. Interesantemente, durante la búsqueda para el link al artículo de Foreign Affairs, encontré otro artículo con casi la misma frase, también del mes de julio, pero publicado en la revista New Statesman,– con crédito al exdirector de planificación de políticas al Departamento del Estado de los EEUU Dennis Ross. No sé quién lo dijo primero, pero es innegable que tenían toda la razón.

Disociación

Tengo una entrada ya escrita para este blog sobre el alfabeto árabe. Pero los eventos recientes a Líbano incluyen coches bomba mortales a Trípoli, informes sobre guerra química a Siria, y mísiles israelíes llegando en la valle cerca Naamé – un pueblo que visité en junio, para conocer refugiados sirianos que la ONG libanesa “Cedars for Care” ha apoyado. Publicar un blog sobre la ortografía árabe me parecía un poco…. disociado de la realidad.

Disociación es una palabra poderosa a Líbano. Es la política oficial nacional sobre el conflicto en Siria. Líbano no apoya ningún lado del conflicto, con la esperanza de prevenir que el país se sumerja en conflicto. (Es decir, no se toma lados oficialmente – pero obviamente hay individuales y grupos sinfín que son fervientemente partidista.)

A veces me parece que la disociación es la única manera atravesar la realidad. Líbano no se haya sumergido todavía, pero los señales indican claramente que se está hundiendo poco a poco en conflicto. Como una extranjera, tengo el lujo de abandonar el barco antes de que se hunda. Pero por la duración que logra flotar, la vida sigue como siempre. La vida cotidiana disocia de la realidad del conflicto. Las carteleras anuncian mochilas e insumos escolares, y me abastezco. Llamo centros deportivos sobre clases para los niños, y organizo una sesión a prueba. La construcción de nuevos edificios sigue con estrépito y despacha polvo en el aire.  Mi esposo cenó en uno de los restaurantes más prestigiosos en Beirut el lunes – y a pesar de ser lunes, el local estaba lleno.

Y hay veces que los mundos incongruentes tocan. Una cena tranquila, con las ventanas abiertas al aire cálida del verano, se ve interrumpido por el ruido de helicópteros de las NNUU que practican simulacros en un campo de aterrizaje cercano. El coche bomba del 15 de agosto en la periferia sureña y los mísiles apenas al sur de Beirut a Naamé me llevan a cancelar planes a visitar la playa en el sur, y organizo actividades para los niños que me llevan otra dirección. El manual para padres y madres de escuela ha sido revisado para el nuevo año escolar, y veo que junto a las reglas de siempre sobre comportamiento y vestido adecuados, hay una nueva sección, que se titula “Disturbios Civiles, Desastres Naturales, y Pérdida de Comunicación.” Se informa a los papás y mamás que la escuela tiene bastante “agua fresco, leche en polvo, cereal, galletas y té en caso de una estadía de una noche.” (¿Te para niños de primaria?  Pero me estoy alejando del tema. Obviamente, sería el problema menor.)

¿Mis planes por ahora? Preparo la chaqueta salvavidas: voy a asegurar que tengo nuestros documentos organizados y un plan B en desarrollo, por si acaso las cosas llegan a necesitar pasos así. Pero por hoy la barca está, gracias a Dios, todavía flotando, y mis planes más urgentes son qué preparar para la cena, y cómo voy a entretener los niños durante estos últimos días del verano antes de que empieza la escuela. A decir la verdad – todavía me alegro estar aquí, sigo disfrutando Líbano. Los eventos recientes me duelen el corazón, pero me alegro de estar en esta barca.

Barca en aguas libanesas cerca a Biblos, un imagen de fondo descargable a DiscoverLebanon.com

Barca en aguas libanesas cerca a Biblos, un imagen de fondo descargable a DiscoverLebanon.com

Hay Calor a Beirut

Las temperaturas han estado suspensos arriba de treinta grados todo el verano a Beirut, y no se refresca mucho en las noches. Pero no son las temperaturas altas del termómetro que tienen preocupada a mí (y a todo el mundo), sino el calor que viene de Siria. Los libaneses han trabajado duro para mantener lejos a los fuegos sirianos, pero las temperaturas subieron esta semana con las muertes presuntas de cuatro rehenes en Siria.

Once hombres libaneses fueron secuestrados en Siria a los finales de mayo, musulmanes chiitas, raptados por el grupo rebelde Ejército Libre de Siria, el principal grupo armado de oposición en la guerra civil de Siria. Los secuestros ocurrieron pocos días después de mi llegada a Líbano, pero mi incipiente conocimiento de la política del Medio Oriente no era lo suficiente para clarificar los “por qués” y los “ahora qués.” La política es universalmente laberíntica, y a pesar de lo que he logrado leer sobre la política del Medio Oriente en los últimos tres meses, todavía estoy al comienzo del laberinto. Hasta los reportajes noticieras de esta semana han sido poco claros, con los del final de la semana indicando que los rehenes no se habían muertos después de todo.

Pero antes de que se pudiera confirmar o desmentir las muertes, demonstraciones y protestas ya habían estallado a Beirut. Luego un clan chiita en Líbano aseguraron de haber secuestrado unos veinte sirianos, en respuesta al secuestro de uno de ellos dentro Siria. El miércoles, Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, todos países ricos con élite que toma vacaciones veránales en el relativamente más fresco y definitivamente más liberal Líbano, instaron a su gente que regresaron a sus países. Lo que entiendo es que este clan chiita responsabiliza a Arabia Saudita, Qatar y Turquía por los secuestros de los miembros de su clan, debido al apoyo que esos países dan a los rebeldes.

Sería una subestimación decir que fue una semana difícil a Líbano.

Las recomendaciones de seguridad son quedar en casa. Tengo experiencia con eso. En Ecuador en 2005, cuando quitaron la presidencia de Lucío Gutiérrez después de una semana de demonstraciones publicas masivas, me quedé principalmente en mi barrio, aunque sí fui al centro comercial que quedaba a cinco minutos de mi casa a la orilla de la ciudad. En Honduras en 2009, cuando los militares sacaron Presidente Manuel Zelaya del poder y del país, se impuso un toque de queda a todo el país que a veces duraba todo el día. Logramos comer a veces con nuestros amigos que vivieron en frente, como no se molestaron al correr de la casa suya hasta la nuestra para ver una cara amigable y partir pan juntos. Es un limbo extraño en que vivir, con tareas ordinarias como cocinar y limpiar y cuidar los niños exigiendo los esfuerzos de siempre. La tensión es alta (o hasta astronómica), pero la vida continua, aunque puede ser que las únicas personas a quien ves son los que viven al par, o quizás solo los que se encuentran dentro tus cuatro paredes.

Así que confieso, no me dejé amedrentar cuando las tensiones subieron apenas llegamos a Líbano debido a los secuestros. Había personas que quedaban a casa, y más grande periódico libanés en inglés, The Daily Star, daba recomendaciones de cómo pasar el tiempo en casa. Incluyeron lavar la ropa delicada, y instrucciones de cómo hacer tu propio juego de Scrabble (primero pasando el tiempo creando los cuadraditos con las letras, recortándolos, y luego jugando – tomaría horas). Las sugerencias me parecieron absurdas, pero quizás no más que la reunión-con-amigos-en-el-barrio-para-una-barbacoa que hicimos durante los momentos difíciles a Tegucigalpa. Buscando normalidad bajo coacción. ¿Quién soy yo para criticar las ideas del artículo? Los libaneses han hecho un arte de destrezas de sobrevivencia.

Cuando supe que trasladaba desde Honduras hasta Líbano, la gente agotó ese cliché que habla de salir del sartén para el fuego. Aunque Honduras es un país bello para visitar, hay bastante delincuencia en las calles de las ciudades grandes, y yo vivía en una de ellas. Hasta esta semana, Beirut me pareció mucho mas seguro que Tegucigalpa. A Beirut, puedo manejar con los vidrios abiertos sin temer que me roban el carro. Puedo caminar por la calle sin temer que me roban el celular o la cartera.

Hay calor esta semana, y lo he experimentado. Pero, mis amigos se alegrarán saber que, no he estado experimentando el calor de Beirut. Ha sido el calor de sol siciliano, donde estoy visitando mi suegra y relajando por la playa. No es un mal momento estar lejos de las chispas del fuego.

Estamos a los mediados de agosto, y en Sicilia, Líbano, Siria, y por todo el Mediterráneo, todavía faltan, como decimos en inglés, días perros del verano. Según en Internet, el término “días de perro” viene de observadores antiguos de estos lugares, de países que bordan el Mediterráneo, donde los días más calientes del año coinciden con las semanas antes y después de la conjunción de Sirio, la estrella de perro, y el sol.

Me parece que el calor en Siria durará mucho más que el calor de los días de perro. Por mucho que quisiera poder influir los problemas en Siria, no hay mucho que puedo hacer. Pero todavía puedo juntarme en una cosa con la gente regular que se ha sido afectado en Siria, en Líbano, y por todo la región. Puedo compartir la esperanza que el fuego en Siria se apaga.

 


Gente local de Beirut encuentra maneras para escapar el calor del verano.

Nota Breve

Aterricé en Beirut hace dos noches, después de una visita a mi pueblo natal, Seattle. Según en anuncio del piloto, hacía 29 grados Celsius (84 F), a pesar de ser casi las 11 de la noche. Cuando salimos del aeropuerto para el estacionamiento, el aire caliente y bochornoso nos envolvió. Un cambio dramático de los altos de temperatura de unos 18 grados Celsius (65 F) que habíamos experimentado en Seattle.

Cuando llegamos al hotel, mi esposo comentó que el estacionamiento (y el hotel) habían estado llenísimo durante el fin de semana, con gente de Siria. Ya era lunes, y él pensaba que los sirianos se habían regresado a Damasco, que queda apenas dos horas de Beirut en carro. Es difícil imaginar que mientras los Beirutis van a la playa por el fin de semana para una tregua del calor veranal, los Sirianos vienen a Beirut por el fin de semana para una tregua de la guerra civil.

Si hasta Beirut y Damasco pueden sentir mundos aparte, imagínate cuánto lejos se siente Beirut desde Seattle. Pero aun así, regresando a nuestra nuevo hogar en Beirut (aunque ese hogar sea todavía un apartamento del hotel), sentía como habíamos regresado a hogar, dulce hogar.